martes, 13 de mayo de 2008

Clara (esta es una historia real)

Esta es una historia real, le sucedió a la amiga de una amiga, Clara. Ella era una muchacha aparentemente ingenua, pero realmente taimada. Toda su vida clara vivió bajo la sobreprotección de su madre, ella no la dejaba salir a la calle, no la dejaba tener amigos (varones), no la dejaba sola un segundo y siempre se preocupaba por ella. Clara veía esto como algo bueno, pues sus padres nunca se casaron y su madre venía a suplir la gran falta de una imagen paterna. Pero la niña no podía ser siempre una niña y al llegar a la adolescencia comenzaron los problemas. Su madre no la dejaba salir con los chicos, siempre tenía miedo de que su hija pudiera embarazarse como ella lo hizo a los 17 años. Por eso le prohibía todo, cuando una vez fue a recogerla a la escuela y vio que su hija tomaba de la mano a un chico de su salón, la madre hizo tal escándalo por ello que estuvo a punto de golpear al joven, además de castigar a su hija por un año sin mayor salida de su casa que a la escuela.

Pero como siempre, el tiempo pasa y las cosas cambian. Clara pasó la adolescencia odiando a su madre, a su vez sentía la terrible necesidad de llenar el vacío de una figura paterna en cualquier hombre que encontraba. Comenzó a escaparse de la casa en las noches o salirse de la escuela para tener amigos. Conoció el Internet y tuvo más amigos. Lo que Clara no sabía es que todos sus amigos deseaban una cosa común: sexo. Ella era esa clase de muchacha regordeta, de ojos grandes, morena (de ese moreno que no es muy apreciado) y con una autoestima tan baja como sus estándares. Pero ella necesitaba sentirse amada, por ello comenzó a frecuentar a más y más hombres, con cada uno de ellos comenzaban a juguetear, pero ella quería seguir siendo virgen. Comenzó a entender que el sexo no sólo se práctica como dios manda, es decir, que bien podía ofrecer su boca o su trasero para complacer a un hombre y mantener sus genitales intactos. Así que eso fue lo que hizo, comenzó a practicar sexo oral y anal con cuanto hombre se interesaba en ella. Cada que entraba en la cama de alguien y lograba satisfacerlo sentía como si la amaran, cada orgasmo de sus parejas eran para ella como un gran “te amo” hacia él. Se sentía lo máximo cuando uno de sus hombres llenaban su trasero con un gran orgasmo, era como si el semen que entraba llenara todo el vacío que tenía ella adentro. Su madre nunca se enteró de esto. Sus hombres nunca la amaron en realidad, sólo la consideraban una bolita para dar placer.

Pero Clara siguió así, se sentía mal pues sabía que no era amor verdadero, pero cuando un hombre (algún alienado que pensaba que ella era bonita o interesante) se le acercaba, ella lo lastimaba para que no volviera a pensar en ella. Deseaba amor, pero no sabía como manejarlo. De cualquier manera, Clara creció y termino una “carrera” técnica de esas de dos años y comenzó a trabajar. Dejó la casa de su madre, diciéndole cuanto la odiaba y que no quería volver a verla. Pero su necesidad de amor se incrementó. En esa época comenzó a usar minifaldas, pantalones ajustados, blusas con grandes escotes, medias, pantimedias, maquillaje, todo para seducir a un hombre, es decir, era una puta fina, por lo menos ella se sentía una puta fina. Claro, ganó muchos más amigos, que se pasaban un buen rato con ella, pasaban por su culo (por que quería mantener su himen intacto para el matrimonio) y luego se iban sin mirar atrás.

Ella se había fastidiado de su vida, de coger y vivir y seguir cogiendo sin mayor razón, su rutina diaria era salir de su casa, viajar en metro al trabajo, cubrir su turno y luego buscar con quien fornicar para volver a dormir. Aunque era muy popular pues decían que su trasero era un regalo de dioses, ella se sentía nada. Fue precisamente uno de esos días, en su viaje por el metro cuando su vida cambió.

Ella había notado que un hombre la veía desde el fondo del vagón, el tipo vestía sucio, sin rasurar y aparentemente bajo influencia de alguna sustancia alucinógena, pero no dejaba de mirarla. Clara estaba nerviosa, no sabía que le incomodaba más, el que ese día el metro estuviera casi vacío (además de ella y el hombre extraño sólo estaban dos personas más en el vagón), que se le hubiera ocurrido ponerse la minifalda más pequeña que había podido encontrar (dejando ver su trasero, adornado con una tanga de hilo dental) o que el hombre no dejara de mirarla con lascivia. Dos estaciones más adelante el vagón estaba completamente vació cuando ella sintió el filo de una navaja en su espalda “te bajas conmigo ahora o te mueres” le dijo el hombre, ella no tuvo más remedio que acompañarlo.

Todo sucedió en el baño, en uno de esos baños horribles de las estaciones del metro, él no le pregunto, la arrojó en uno de los cubículos, la besó, la mordió y rasgó sus ropas sin que ella pudiera evitarlo y cuando estaba a punto de violarla, ella le suplicó “por favor, en la vagina no, hazlo por el culo”. Creo que el hombre era de aquellos que se existan más con el sexo oral, pues en una violación, eso es aún más salvaje. El tipo la penetró frenéticamente alrededor de unos quince minutos, sintiendo como desgarraba con cada envestida las paredes anales, mientras Clara se sentía destrozada psicológicamente. Después de una eyaculación y un “si hablas te mato” el hombre la dejó ahí, en un sucio cubículo de un baño del metro, sangrando por su recto.

Está es una historia real, le sucedió a una amiga de una amiga, Clara. Ahora ella se dedica a viajar en metro de forma frecuente, siempre con una minifalda que deje ver por lo menos la mitad de sus nalgas. Aprovecha las horas casi solas para buscar hombres que se sientan desesperados por su cuerpo, que lleguen a pensar en violarla con tal de tener su culo. Cuando eso pasa y terminan “forzándola” en los baños de alguna estación, ella llora, pero no de dolor, en realidad es felicidad. Dice que siente como si el amor le entrara de tal manera que doliera, pero dolor sabroso.

1 comentario:

Wikernes dijo...

Que trauma tan cabrón, y pensar que esta historia se repite incesantemente en la vida real.

Bueeno... por la hoar creo que hasta aquí llegué, ah, y por cierto, me complace que mi música le guste a alguien :-)
En cuanto a Le Scrawl, es una banda de ska-goregrind muy interesante, te dejo un link al disco que expuse. Saludos.