jueves, 11 de noviembre de 2010

Placeres


La última vez que hago esto, me dije, pero aquí estamos otra vez ligando. Estoy hasta la madre de lo que dice, otra rubia con más cuerpo que cerebro, pero es lógico, mi esposa es una morena chaparrita y chapada a la antigua ¿Qué otra cosa podía buscar? Pero bueno, esta no para de hablar. Las otras habían sido, más rápidas: un par de copas y las piernas abiertas. Pero a esta, Anahí o Saray, no recuerdo como me dijo que se llamaba, pero le dio por hacerse la interesante hablando de teatro. En mi vida me ha interesado una obra de teatro, lo mío es el cine, pero no, está pendeja no se calla. Que si la escenografía, que la teoría del personaje, que si sus amigos habían montado un espectáculo de clown en la calle. Carajo, creo que son las nalgas que más me han costado. Pero bueno, tengo tiempo, todo el tiempo del mundo.

El gusto me empezó hace 4 meses, cuando comencé a hacer estos viajes en solitario. Con mi profesión todo es fácil: inventar un reportaje en el lugar deseado, conseguir suministros y el permiso de mi mujer; lo demás era redactarlo el primer día y disfrutar el resto de la semana. Siempre con una rubia, no lo sé que tienen, si es que sean estúpidas, si son los senos grandes, si son porqué son las más gritonas o simplemente porque todas, todas la saben chupar. En fin, que ya tengo práctica en esto, pero esta es la primera que no para de hablar. La rubia lista, la excepción que confirma la regla. Más le vale que sepa chuparla.

Total que esta mujer por fin se pone interesante, puedo ver perfectamente como comienza a juguetear con su cabello, como desliza su dedo sobre la copa, mientras quiere que adivine que es lo más provocativo que ha hecho en escena. No sé, lo digo en serio, estoy a punto de gritarle que o cogemos o me largo, pero  su cara se torna en una sonrisa pícara y me dice “puedo mostrarte lo que use en escena, si vamos a tu habitación”. Eso es todo, pongo un par de billetes en la mesa y vamos directo a la suite. Oh, la suite, eso es lo que se gana uno por saber escribir y ser corrupto en México. Ella me mira, se pasea por la habitación, me vuelve a mirar, luego  comienza a juguetear, así son las rubias, les gusta actuarlo todo, como si no fuera obvio que vamos a follar. Espérame tantito, me dice y corre con su maleta al baño. Mientras yo tomo el control y pongo música suave. Me recuesto sobre la cama a esperarla. Me quito los zapatos, mientras recuerdo que tengo que llamar a mi mujer, antes de que sea muy tarde y se sienta mal.

Hola mi amor, no nada, es que tuve una reunión con el editor. Sí todo bien, pues fíjate que el clima ha estado precioso, pero casi no he podido salir. No te apures amor, no me va a pasar nada, esto de hacer reportajes encubiertos es más fácil de lo que te lo hace creer la televisión. Sí, tan pronto como llegue te aviso, gordita. Sólo faltan dos días, yo también te amo.

Justo a tiempo, porque ella regresa, Saray, creo que sí es Saray, me dice “mira, esto es lo que traía puesto ese día” y se quita la toalla con que se tapaba, dejándome ver que trae sólo un par de cubre-pezones y una diminuta tanga que alcanza a revelar un pubis depilado, justo como me gustan. Ni siquiera tengo que decirle que venga, ella se lanza sobre mí, esto estorba, me dice y me desabrocha el cinturón, no tengo que decírselo dos veces. Las rubias la chupan, todas la chupan. Espera, le digo, pero no, no se queda quieta, me mira a los ojos y ni siquiera parpadea mientras siento como mi semen va resbalando hacia su garganta. Me hiciste terminar muy rápido. No te apures, me dice, voy a hacerte algo que te hará recobrar fuerzas.

Ella está dormida, después de nuestra sesión de sexo y tanto alcohol que bebió, no podía esperar otra cosa. Me levanto silenciosamente, me acerco al buró y abro el cajón, aquí está todo lo que necesito. Lentamente la giro sobre sí misma, hasta que queda boca arriba en el centro de la cama. Tomo uno de sus brazos, pero está tan dormida que ni siquiera nota las esposas con las que la sujeto a la cabecera de la cama. Repito la operación con el otro brazo. Ella se mueve, gime un poco, por lo incomodo de la posición, pero no abre los ojos. Rápidamente sujeto sus pies a la cama, adoro estas camas de las suites, no sólo son espaciosas, todas tienen barrotes de donde sujetar. Ella comienza abrir los ojos, pero es demasiado tarde, ya estoy colocándole una de estas novedosas “gag balls”, una pequeña bola de plástico que se mete en la boca y se sujeta por detrás de su cabeza, mucho más efectivo que una mordaza. Ella me mira aterrada, puedo jurar que lo peda se le ha bajado de golpe. Comienza a balbucear, mientras yo continuo con mi tarea pasando una cuerda por su cintura y amarrándola por debajo de la cama, no queremos que te escapes cariño, le digo tiernamente, mientras su saliva comienza a chorrearle la cara, gracias a la gag ball. Un espectáculo digno de verse.

Cuando quise comenzar con esto, de tener aventuras, me preguntaba de qué forma podría hacer para nunca se cruzaran mi vida de casado con esta vida de placeres y entre esas cosas descubrí el método ideal. Pero claro, uno tiene sus gustos y la mente juega y juega hasta llegar a un punto sin retorno. Bueno, creo que esto no te incumbe a ti, Anahí o Saray, la verdad no recuerdo tu nombre. Sabes, fue rico como lo hiciste, me encantó como me arañabas la espalda. El problema es que si te dejo ir, podrías aprovecharte de que soy medianamente famoso y querer difamarte, si te mato, son muchos los problemas para deshacerme del cuerpo y de las evidencias, joder que en este cuarto hay montones de muestras de ADN. Por eso, descubrí la solución perfecta. No me mires así querida, que de verdad si pudiera ser de otra forma... En fin, tenemos todo el tiempo del mundo, sólo necesito un par de días. ¿Todavía no lo adivinas? No te preocupes, sólo necesito un par de días, que el apetito ya se me ha despertado.

lunes, 11 de octubre de 2010

El hombre en la isla (Parte 1)

Decidí editar esta entrada para aclarar que el Hombre en la isla no será parte de la ecofilia, quiero que sea un proyecto aparte y por lo tanto crearé un blog especial para el mismo. La dirección de este es:

El hombre en la isla

Espero sus comentarios y que puedan disfrutar de esta otra entrega. Saludos a todos los fieles lectores

viernes, 13 de agosto de 2010

Seguimos con los monitos

Pues el hada de la inspiración no ha venido con cuentos nuevos para robarselos, por eso he subido más cuadritos con monos chistosos, para que vean que aquí seguimos. Gracias al Rubo por todos sus comentarios, a los dos anónimos, tanto el que se declara fan como el que no, así como a María, aunque tenga que chantalejarla para que me comente. La neta todo lo que dice el Rubo es gracioso.

Por cierto, quité la música, nunca me han gustado esas cajas por que cuesta mucho tiempo andarles metiendo música y arreglándolas y eso no se me da. Además esa música era para San Luisito, no para lo demás.

Bueno ahí les dejo este otro paquete de post its, luego veo si hago más... eso si mis clases me inspiran para hacer más en lugar de ponerle atención a los maestros.

Ya espero pronto meterme a un taller literario, si es así y escribo más cosas, se las dejo por acá. Eso sí, que sigan los comentarios. Saludos a todos. Que no por que no los vea no significa que no me acuerde de ustedes. Les recuerdo que todos los que están en mi lista de blogs que sigo los checo continuamente aunque a veces no se me da comentar. Y pos ya, saludos.

@Rubo

Pollo Salvaje

Sangre de Cristo (web o's)

Parece que

El voyeurista educado

Chinga tu madre

Espejo

Rojos

Complejos

Vida Light

Invisible

Mundo Laboral

Grande

Inspiración

Lóbulo Prefrontal

Así está la crisis

Parkinson

domingo, 8 de agosto de 2010

Back on Air

Temporalmente he regresado. Estaré subiendo una que otra cosilla. Yo creo que entre más comentarios nuevos tenga más cosas querré subir. Así que ya saben, si quieren seguirme leyendo, comenten. Sino, pues buscaré otro lugar para publicarme. Saludos queridos fans.

Por cierto, tenemos la nueva etiqueta Web O's Para los dibujitos que hago en clases por que no tengo nada mejor que hacer. Inspirado en los Savage Chicken Cuyo autor hace todos sus comics en post it.

Oficina

Harmaggedon

Mapa Mental

Psicoanalisis de bolsillo

Guitar Hero

Knock Knock

En verde

El ojo que todo lo ve

Pregunta a Dios

Madress!!

domingo, 18 de julio de 2010




Ya no quiero escribir. Simplemente perdí la voluntad de hacerlo. Era un sueño que quería realizar pero que me doy cuenta que no tengo la dedicación para lograrlo. Ecofilia es un avión que nunca despegó. Así es mi vida. Es por eso que lo abandono, no quiero dejar más letras en este lugar vacío. Lo que haga después, ya es mi pedo. La gente que me quiere me estima y le intereso, podrá encontrarme. A los demás, gracias por haberme leído, tal vez vuelva por aquí, ya ven como es la blogosfera, tal vez no, pero aún así. Gracias por el buen rato.

sábado, 10 de julio de 2010

miércoles, 16 de junio de 2010

Regurgitando pollitos muertos



Todo está perdido, pensé, por lo que simplemente tomé la navaja y comencé a cercenarse poco a poco en la vena. Es curioso, en las películas todo es tan fácil… tan poético. La luz tenue que entra por la ventana mientras suena una melodía como Hoppipolla de Sigur Ros o Where is my mind de los Pixies. Pero no, es curioso que no siempre está el flashback con todos los recuerdos de tu vida antes de morir y que a veces uno sólo puede pensar ¿Por qué esta chingadera no corta mejor? Además de que el dolor no es tan hermoso como pareciera. Arde, mucho. Mientras tratas de cortar, ves un poco de sangre y piensas que ya está. Pero no, no podía hacerlo así nada más. De hecho antes intenté ahorcarme. Quise tener siempre la oportunidad de detenerme por si las dudas. Ese es el problema. Si uno quiere suicidarse debe hacerlo de golpe o de forma irreversible. Quedarte dormido o electrocutado o no poder salir del mar y ahogarte.


Por eso digo que fallé en un principio, quería ahorcarme, pero con oportunidad de detenerme. El problema es que fue tan dulce el momento a la casi muerte. La muerte chiquita. Casi casi un orgasmo. Pude sentir como comenzaba a desmayarme y relajarme que tuve tanto miedo. Me quite la soga del cuello y lloré convulsivamente. Ahí supe que tenía que ser algo irreversible.


La idea del suicidio me persigue desde hace tantos años. Tal vez no tanto, unos diez. Pero el hecho de que reaparezca cada dos o tres meses a hacer meya es lo que no soporto. He pasado por las fases. Desde el punto en el que uno piensa “¿Y si… me… diera un plomazo?” hasta el punto donde escucho voces que me dicen “ya nada vale la pena” o “¡hazlo ya, no seas joto!”. Pero lo he soportado. De una forma u otra he sido fuerte, me he levantado una y otra vez. Vivo en un continuo optimismo disfrazado de pesimismo. No creo poder llegar al día siguiente, por que terminaré matándome y eso a la vez me hace pensar que este es mi último día, que realmente quiero disfrutar, estar con una linda chica, comer un gran helado, recordar que prefiero una pizza a un helado, escribir un cuento o releer mi libro favorito.


También es curioso eso de la falta de autoestima y seguridad. Siempre me sentí como un suicida de segunda. Alguien que dice “puedo hacerlo” pero ni siquiera lo intenta. Es como quien dice “si guey, si me aviento de un salto del trampolín… pero hoy no, tengo hueva” Joto, eso es lo que es señores y señoras. Un joto que no tiene los huevos para atreverse. Es que por dios que todo el mundo tiene su historia. Que un montón de pastillas. Que tengo una marca bien fea. Que me cacharon tratando de aventarme borracha del quinto piso. ¿Y yo? Yo nada más pensamientos y nada de nada. Joto. Joto. No te atreves. Joto. Ándale puñetas, ya matate.


Por la parte de la religión no tengo el menor problema. Para mí Dios no existe. Y si existe uno, No es ese dios cristiano marica y machista. El cielo y el infierno son la jalada. El infierno donde sufres eternamente ¿Qué diferencia tiene a la tierra? Además, creo que uno termina acostumbrándose al sufrimiento, basta con ver a las personas pobres en la tierra. Por cierto ¿A dónde van los masoquistas que deberían ir al infierno? Digo, por que entre castigos eternos se las han de pasar de las mil maravillas. Y el cielo, el lugar más aburrido del mundo. Estar toda la eternidad sentado al lado de Dios. ¿Quién carajos creo ese concepto de morir y pasar la eternidad en el cielo o el infierno? Imagínate pasar toda una eternidad condenado a las llamas del averno o a la gracia del paraíso por algo que hiciste en vida la cual duró un máximo de… unos 100 años. Pasar toda la eternidad basado en algo que sólo duró una mugre de tiempo.


La reencarnación se me hace más interesante. Si uno pudiera regresar en otro cuerpo de otra persona. Si el tiempo no fuera lineal, que yo muriera y reencarnara en un soldado del antiguo Egipto o en un mensajero del imperio azteca. O para el futuro, regresar en forma de chica (y bien sabrosa) o de un animal. Por dios, tantas posibilidades. Tal vez incluso reencarnar pero en otro universo, tal vez uno paralelo donde las leyes de la física y la naturaleza no sean iguales que las del nuestro. O en un ser que vive a miles de millones de años luz de nuestro planeta y en vida nunca conoceríamos. Las posibilidades son infinitas y a veces he querido matarme sólo para saber como iría a reencarnar.


Pero luego llega el desagradable vacío. ¿Dónde se almacena nuestra personalidad? ¿En donde se encuentra el alma? Si la respuesta es el cerebro, entonces todos estamos jodidos. Si todo lo que vivimos, nuestros recuerdos, lo que somos, lo que fuimos está en nuestro cerebro al morir no quedará nada. Seremos parte de la nada, sólo un montón de átomos que tomaron una forma caprichosamente evolutiva que al final, al envejecer y no tener unos sistemas adecuados que lo soporten terminará por morir y desnaturalizarse. Y uno se convierte en nada.


¿Qué es la nada? ¿Cómo se siente ser nada? Cuando he tratado de pensar en eso, me mareo. Probablemente piensas “ah, pues que pendejo, si la nada es sólo cerrar los ojos” pero no es así, aún con los ojos cerrados existe la oscuridad, el negro dentro de tus párpados, eso no es la nada. Además tienes conciencia de que existes, de que estás. ¿Cómo sabes que eres nada? Simplemente desapareces, ni siquiera te percatas, un momento estás y al otro no. Todo lo que viviste al caño, entre un montón de madera y gusanos. Esa teoría realmente me aterra. Preferiría ir al cielo aburrido con tal de conservar mi mente intacta.


Pero ese día lo había decidido, que era un mal hijo, un mal estudiante, que no puedo conseguir trabajo y que siempre vivo con el complejo del erizo al 100 (quiero estar cerca de las personas pero a la vez me mantengo alejado de ellas para no lastimarlas). Convencido de ser una escoria humana, de no poder salir del hoyo del que había caído. Estoy cortándome y cortándome la vena. Sangré y no quería parar, pero era tarde, ella sabría que algo iría mal, estaría preocupada. Me di por vencido, no conseguiría desangrarme en tan poco tiempo y  sólo lograría hacer evidente mi necesidad de atención psiquiátrica. Con la posibilidad de ser internado y perder toda la libertad que nos confiere el suicidio. Por lo menos me queda una bonita marca.





Pero la marca no sirve de nada “Ni se ve tanto”. Puta qué quieren entonces, tal vez que salga a la calle con los sesos chorreando por un lado de mi cabeza. Que no he sufrido, dicen. Que nada más soy un egoísta que no piensa en los demás. Toda la puta vida aguantando en esta mierda de familia para eso. Perdónenme, pero no lo soporto más. Yo renuncio a ser hijo, renuncio a ser malo y renuncio a toda estas chingaderas. Jódanse la vida solos.

martes, 8 de junio de 2010

Tocadas



 No men, vámonos de aquí, yo creo que el toquín ni se va a hacer.
Tú tranquilo carnal, mira que ya dieron un anticipo y si todo sale bien nos darán otros 20,000 varillos a la bolsa.
Precisamente por eso,  ya tenemos una buena lana, si nos vamos ni se enteran y ya no nos van a buscar, ya vez que nos contactaron por internet.
Pero eso no se hace, ¿no ves que es mala publicidad? Tú tranquilo que aquí está todo chido. Mira, ya llegamos. Hacienda del Maguey, ¿ves, ni para que te preocupas?
Pues tú dices, men, pero en lo personal tengo un mal presentimiento de esto.
Osh... tú tranquilo y yo nervioso.

Pos el lugarcito ni está tan feo, a ver George, pon las bocinas y el amplificador por allá. ¿Ya bajaron la bataca? Simón, ten, aquí está la plumilla. Buenas tardes señor, sí, somos Fusión espiritual, el mejor grupo de electro-rock-funk-jazz-cumbia. Claro que nos sabemos esa, usted no se apure tenemos amplío repertorio para que puedan escoger. Sí, se ve muy agradable el lugar… No, no se apure por el dinero, al final nos paga. Sí, ya está todo listo, claro, claro que le aceptamos una chevecita para calentar la garganta. Sí, corona está bien. Sobres chavos, empecemos con este desmadre.

Entre rolas
Neta, men, este güey no me da confianza y además fíjate, todos tienen algo raro… Cómo que les brillan los ojos. Ya me escamé, güey, dos rolas más y nos vamos ¿no?
No seas marica, mira como todos se están divirtiendo, además las chavas están bien buenas. Ni te agüites, ves a esas de allá, se ve que jalan y de seguro esa güerita la chupa bien rico, tiene boca de mamadora.
Pues haber si tú puedes coger, cabrón. En lo personal prefiero no meterme en pedos. Capaz que sales de pedo y neta que yo no me voy a meter al quite.

Break
Ahhh, nena, que bien lo haces con esa boquita. Bájale tantito que ya casi me vengo ¿o no me vas a dejar que yo también te de cariño? Ándale, ponte así ¿por el culito? PERRRFECTO, ayyy que rico, sí así… ayyyy… Puta madre, que rico acabe ¿Qué haces? No, espérate. NO. ¡QUE NO! AAAAAaaauuuchh…

Segunda parte
Men, nada más terminamos y nos vamos ¿no? Sigo con eso del presentimiento y la neta no me quiero quedar más rato aunque nos inviten los tragos.
Está bien güey, nada más por que tú dices nos vamos apenas cobremos.
Sale, cámara. Hasta que dices algo chido.

Gracias por todo, sí, así ya quedamos a mano. Sí nos gustaría quedarnos pero tenemos que ir a guardar los instrumentos es que sino nos cierran la bodega. Gracias de todos modos, ya será para la otra ocasión. Claro que sí, muchas gracias por las bebidas… es raro que nos inviten tantas cheves hasta nos dan ganas de volver a venir. Pues claro, aquí le dejo la tarjeta, para cuando se le vuelva a ofrecer. ¿Yaneth me manda saludos? Pues gracias, sí, le dice que también la mando saludar. A su salud, gracias por todo, que se la sigan pasando bien.

Ya en la casa
¿Bueno, cabrón y siempre por qué cambiaste de opinión? Hasta nos fuimos en chinga.
No, por nada, sí nada más quería que te calmaras, andabas de marica todo asustado.
Naaa, me cae que no fue eso. ¿Te amenazó el novio de la Yaneth o que pedo?
No güey, ¿cómo crees? ¿No ves que hasta me mandó saludar?
Nel, no me convences ya di que te pasó.
Pues te digo, pero tú chitón que la neta sí estuvo gacho.
A ver, cuenta cuenta.
Pos nada, que la pinche Yaneth era un vato, güey.
Ja ja ja ja ja, no mames
Ya culero, pos ni pedo.
¿Y qué, no te gustó su verga o qué?
No estés mamando palo o te parto la madre.
Ya, no te agüites. Mira a mí también se me acercó una “chava”, pero luego luego le vi los bigotes y la manzana de adán y pues nel, dije “de aquí no soy”.
¿Qué mala pata no? Dos de dos.
Pues güey, no sé a donde chingados nos llevaste a tocar.
Mira, déjame checar el correo. Hotmail… Ah…
¿Qué pedo? ¿Qué pasó?
Es que… era el desfile de orgullo BLGH-T
Ayyy sí serás pendejo… ya decía yo que tenían algo raro… Neta que te pasas de güey.

Nota: La homosexualidad no es mala, lo que está mal es que te la metan sin pedir permiso.

jueves, 3 de junio de 2010

Zexo



El otro día me atreví a jugarlo, creo que desde entonces no he sido el mismo. Es como si tocaras el cielo y el infierno al mismo tiempo y olvidaras por completo los problemas. Nada de zombies, nada de ciudades destruidas y de falta de alimento. Sólo estás tú y el vacío y nada más importa. Es como morir un poquito, casi de forma literal. Debes de probarlo ¿sabes?
Los jóvenes desde siempre hemos innovado, no nos asusta el peligro, no nos asusta la muerte. Somos la revolución, somos el futuro y en un mundo como este donde los muertos vivientes se han acabado todo y nosotros nos hemos quedado sin un objetivo en la vida tenemos que buscar nuevas formas de entretenernos. El mundo siempre ha girado sobre dos grandes ejes: El sexo y la muerte. Eros y Thanatos. Siempre en continuo movimiento y con una línea muy delgada que divide uno del otro. Relaciones coodependientes, el pequeño paso entre el odio y el amor, me duele más a mí que a ti. Siempre ha estado con el ser humano y siempre lo estará. Este juego lo resume todo.
El objetivo del juego es sencillo: llegar al orgasmo. Los medios y la preparación necesaria para llegar a ese objetivo es lo que lo hace interesante. En el mundo decadente de hoy en día a duras penas logramos encontrar cigarrillos, el alcohol prácticamente ha desaparecido y de drogas ni siquiera hablamos. Por eso necesitábamos algo que nos proporcionara la suficiente adrenalina y endorfinas para lograr un efecto parecido. De esto es lo que se trata el Zexo.
No sé quien tuvo la idea original, probablemente haya sido Jhony o Sid, uno de esos locos punks que lo habían perdido todo desde antes de la guerra y por lo mismo no le tenían miedo a nada. Ni miedo, ni asco, ni escrúpulos, eran de esos tipos graciosos que metían el pene en el bote de crema de cacahuate o te escupían directamente en la oreja por que “les daba asco meterte el dedo ahí”. De cualquier forma, la idea nos pareció algo estúpido, autodestructivo, absurdo y todos quisimos entrar en el club, ser parte de esta nueva atracción que bien podría ser el nuevo deporte nacional, el Zexo como una forma de vida.
Si quieres hacerlo de la forma correcta debes de ponerme atención. Primero, debes de tener en cuenta que como cualquier excursión a las ciudades debes estar atento al movimiento que hay dentro de ella. Cuantos muertos vivientes hay en la zona, cuales son tus posibles vías de escape, tener tus armas a punto, preferiblemente usar un machete o un martillo y evitar las pistolas al máximo, sobretodo al limpiar un poco el espacio donde vas a jugar, no quieres atraer a toda una multitud que te arruine tu partido. Por último sólo tienes que elegir a la “chica” de tu predilección. En lo personal yo prefiero a las que tienen la cara completa, pueden tener una mordida en el cuello o haber perdido un brazo o una pierna, pero no puedo soportar la idea de estar cerca de un rostro mutilado. Nunca, nunca, debes de olvidar las precauciones básicas, a menos que quieras terminar rodeado en medio de una multitud de zombies, por eso es recomendable hacerlo acompañado, con alguien que pueda vigilarte y regresarte a la Tierra cuando es momento de terminar. De cualquier manera, cuando ya tienes ubicado tu objetivo y has tomado las precauciones necesarias es tiempo de entrar en acción. Para que entiendas un poco mejor, te contaré mi experiencia personal.
Había salido con Mark, el cual había tenido oportunidad de probar suerte un par de veces. De hecho el fue quien me convenció de hacerlo, no estaba muy seguro, pero cuando tu mejor amigo te dice que no hacerlo es como si nunca hubieras vivido, es algo para tomarse en cuenta. Como decía, estábamos Mark y yo brincando por los tejados buscando a una de esas zorritas que estuviera dispuesta. Como era mi primera vez no le molestó mucho el hecho de que buscáramos por más de media hora para encontrar a una que me gustara y que no llevara más de una semana convertida. Debo decir que fue algo difícil, ninguna parecía suficientemente… mmm… digamos… normal. Por suerte encontramos a una que en vida fuera prostituta, de eso estoy seguro: primero, por que tenía ropa bastante provocativa: mini falda que apenas cubría sus nalgas, una ombliguera que dejaba ver un piercing llamativo en su ombligo (o lo que quedaba de él), además de tener los senos abundantes, gracias a dios por el silicón y por hacerlo a prueba de muerte. Eso sí, su cabello era un desastre, pero ¿qué podíamos esperar de un cadáver caminante? Y segundo, sabíamos que era una prostituta por que la mayoría de ellas sobrevivieron, por lo menos más que el resto de las personas “normales”. Tenían mayor espíritu de supervivencia, estaban acostumbradas a llevar una mala vida y sabían usar sus encantos para lograr que fueran los hombres con complejo de héroes los que lucharan por ellas sus peleas. En lo personal supe de muchas otras mujeres, de moral fuerte que murieron durante la primera etapa de esta guerra, todo por querer evitar ser violadas… De cualquier manera es curioso que mi primer zexo fuera  con una prostituta. Irónico.
La zona era lo que llamamos una zona segura, gracias a las granadas, incendios y choques durante la destrucción de la ciudad, las calles muchas veces estaban selladas por grandes muros de ladrillos pertenecientes a edificios derrumbados, además era fácil subir por medio de estas paredes destruidas que ofrecían pendientes para lograr escapar por los tejados. Si uno quería moverse por la ciudad todo se hacía por los techos. Los zombies eran tan estúpidos que no podían subir hasta ahí. Por eso la zona era segura, en caso de aparecer más muertos vivientes siempre tendríamos dos o tres opciones por donde escapar.
Sólo había un par de ellos, además de mi zorrita claro está. Mark me ayudó a limpiar, había obtenido tal destreza con su bate de beisbol que al estar con él sentía la sensación de no correr peligro alguno. Después de eso, me dijo “es toda tuya, que la disfrutes amigo” y me dio el paquete de condones. Lo que sigue fue una extraña mezcla de sensaciones. Recuerdo haberme arrojado sobre ella. Todavía tenía las carnes en su lugar y el hecho de que tratara de morderme mientras yo pasaba mis manos por sus tetas o su trasero me excitaba como loco. Muchos usaban bolas del tipo gag, de esas que tienen un cuero para amarrarlo a la nunca y evitar que puedan morderte. Algunos usaban sólo una mordaza, pero, siendo honestos, si realmente quieres gozar del zexo, no hay nada mejor que dejarles la boca libre, de sentir durante todo el tiempo su deseo de morderte la yugular.
Mark me gritó que no teníamos mucho tiempo. Es cierto, para el zexo nunca hay tiempo y eso es parte de la magia. Es descender como loco por una pendiente a 240 km/hora y estrellarte contra el muro más cercano. No había tiempo y seguro que yo no necesitaba mucho, detuve su cabeza con una mano, abrí la bolsita del condón con la boca y cuidadosamente me coloqué el profiláctico en el pene. Eso es la parte vital de toda la práctica, aún no sabemos si el virus se puede contagiar por contacto sexual, es poco probable, pero con el estado de descomposición que hay en algunas de esas cosas, es mejor cuidarse. Ya con el condón, la penetré de un solo jalón, una y otra vez, recuerdo que abrazaba su trasero mientras la penetraba en el suelo y podía sentir su cabeza tratando de girar hacia la mía, su aliento podrido en mi cuello… casi puedo decir que estaba desesperada por no poderme dar un buen mordisco. Tal vez se parezca a una violación pero ¿quién va a defender los derechos de estos muertos? Si ya ni siquiera son ciudadanos. Además, la sensación es lo máximo, creo que nunca me había corrido tan rápido, unos segundos apenas y llegué a mi punto máximo. Temblaba en medio del orgasmo, tan fuerte que terminé clavando mis uñas en su trasero, llevándome pequeños trozos de su carne entre mis uñas. Después de eso, me levanté rápidamente, le mandé un beso con la mano y cuando ella se lanzó hacia adelante para morderme le destrocé el cráneo por la mitad con mi machete. Eros – Thanatos. De eso se trata el Zexo. ¿Sabes Tommy, muchacho? Cuando por fin te encuentre en esta maldita ciudad, te enseñaré a jugarlo.

martes, 1 de junio de 2010

Breve encuentro con un desconocido


Estábamos en la calle cuando llegó a nosotros corriendo y brincado de alegría. La reacción inmediata de todos fue el rechazo, pensar de quién podría ser y levantar la pierna para evitar un “efusivo abrazo”. Así son los perros, entre pervertidos y cariñosos. Pero bueno, cuando el perro es manso y agradable hasta lo acaricias sin importar que lo encuentres solo y en la calle. Como decía, uno dijo “¿de quien será?”, otro levantó la pierna para evitar que el perro lo “atacara” y yo me reía de la situación. No tardó mucho en perder el interés y correr por ahí: a veces sin dirección, otras a olfatear los árboles y también, a corretear a otro transeúnte que pasaba por la acera de enfrente. Pero los dueños no aparecían. Era un perro grande, limpio y al parecer de raza, no estoy seguro, no me gusta discriminar a los perros. Además corría impetuoso, de un lado al otro, definitivamente no sabía andar en la calle ¿qué hacer con él?
Nada, es tarde. Tienen que irse a la escuela y yo regresar a dormir un rato. No puedo preocuparme por un perro a las 7 de la mañana. Por lo menos eso pensé. La camioneta se fue y sólo quedamos él y yo en la calle. Caminé sigilosamente, esperando que no pudiera seguirme. No fue así, ya llevaba la mitad de la cuadra cuando el canino se dio cuenta y se lanzó brincando alegremente en mi dirección. Levanté un pie para evitar que se abalanzara sobre mí y le dije palabras cariñosas como “tranquilo, bonito” o “¿cómo andas amigo?”. Total que él miró a un señor que iba en el mismo sentido que nosotros y lo siguió. Pensando que me había librado de él, caminé despacio, que se fuera con otro y ya no es mi problema. Curiosamente, el otro me pregunto que si el perro no era mío. “No, a mí sólo me estaba siguiendo” Y lo dejé caminar mientras trataba de desembarazarse de nuestro peludo amigo. Pude ver como daban la vuelta, como me quitaba un peso de encima. Me quedé junto a la pared, justo en la esquina, para asomarme lo suficiente para ver que el perro se había alejado con el tipo enojón y seguir rumbo a mi casa.
Giré la cabeza rápidamente y quedé en shock. Ahí estaba mi amigo tirado en el suelo. Fui un estúpido en no pensar en él. Si pudiera, si hubiera. Él estaba ahí a media calle en el Boulevard, respirando con dificultad, con un globo ocular fuera de su cuenca, sabiendo que iba a morir. Tanto él como yo lo sabíamos y yo sin poder hacer nada. Quise acercarme, llorar a su lado, decirle a su oído que todo iba a estar bien, que iba a llegar al cielo como todas las almas nobles, que así les pasa a todos los perritos sin importar su tamaño. Acariciarlo, mientras la vida se iba desprendiéndole. Pero los automóviles seguían pasando y en la ciudad no hay tiempo para sentimentalismos. Me debatí demasiado tiempo en decidir que hacer, tanto que pude ver como sin soltar un quejido, sin llorar y con la mirada de quien sabe que llegó a su final, soltaba su último aliento y su cuerpo quedaba ahí en el suelo sin vida, mientras los coches seguían circulando a su alrededor.

miércoles, 21 de abril de 2010

San Luisito


Esta es la primera vez que escribo un cuento que dure más de cuatro páginas. Desde hace mucho tenía ganas de hacerlo, pero nunca me doy el tiempo para escribir, sobretodo por que la inspiración me abandona a ratos. De cualquier manera, espero que esto justifique tanto tiempo desatendido el blog, que la gente que se pasee por aquí disfrute leerlo así como yo goce al escribirlo. Es un paso más en mi camino, pero es un paso un poco más grande. Espero que se enamoren de San Luisito como yo lo hice y los haga sentir tanto que quieran volver a repetirle. Por cierto, prepare un par de detalles para que disfruten más la lectura. Como pueden ver las entradas están ingresadas de la última a la primera, para que si ustedes seleccionan la etiqueta “San Luisito” puedan leerlas en orden de arriba hacia abajo sin problemas (por que si las ingresaba en orden, la última parte estaría hasta arriba), además por esta ocasión puse música para que puedan disfrutar mejor de la lectura. Espero les guste y me dejen un comentario de que les pareció. Saludos a todos.

Y por si de plano son muy flojos:
Parte 1          Parte 2          Parte 3          Parte 4           Parte 5

La llegada (1 de 1)

 


Llegamos a San Luisito justo cuando se desató el invierno, el frío era tan intenso para nosotros que a pesar de tener la calefacción del automóvil en su máxima potencia podíamos ver nuestro aliento como si estuviéramos fumando. Yo estaba insoportable, el frío no me permitía ni encender un cigarrillo pues no podía bajar el vidrio y mi mujer nunca me permitiría llenar el aire con humo, la falta de nicotina me alteraba sobremanera, lo cual sólo fue molesto para mí, pues los demás trataban de dormir debajo de sus abrigos y sus cobijas. El viaje tenía un objetivo común: relajarnos de la vida en la gran ciudad, pero cada quien tenía sus motivos particulares.
Laura estaba tratando de superar nuestros problemas de pareja, es cierto que yo no había sido el más comprensivo, exceso de trabajo y falta de empatía emocional, pero también es verdad que ella no había podido superar su visita al médico hace seis meses. Ella tuvo la desagradable experiencia de ver su sueño roto. No podría ser madre. No es que yo no quisiera un hijo, pero a diferencia de ella, no era mi principal objetivo en la vida. Primero fue la decepción, pude ver como su corazón iba quebrándose, la persona que todo ese tiempo había sido mi mujer poco a poco se fue transformando en alguien completamente distinto. El resentimiento vino después, un mes después al recibir los resultados de sus exámenes posteriores. La causa de la debilidad de su útero había sido una enfermedad venérea que había obtenido por mí hace tres años, cuando nos casamos. Yo había tenido una vida bastante activa antes de ella, uno cree que puede controlarlo todo, un condón y todo está resuelto, pero lo cierto es que si hubiera sido más selectivo, si hubiera podido controlarme, ella no había sufrido eso. Seis meses de tristeza, en los que no sólo perdió sus esperanzas, sino también su plan de vida y todos sus sueños. Pensamos en adoptar, pero ambos sabíamos que todo iba demasiado mal como para intentar hacer tal cosa, como para compartir nuestro infierno personal con otro ser vivo. Un hijo no merecía eso.
En el asiento trasero dormitaban Ángela y Noel, una pareja de amigos que conocíamos desde nuestro tiempo en la universidad. La excusa para invitarlos era el conocer otros horizontes, relajarnos y poder sentir la paz de un pueblo pequeño y colonial como San Luisito, pero la verdad era que ellos lo necesitaban, su terapeuta se los recomendó. Era un secreto entre los cuatro, que nunca se mencionaba pero todos conocíamos, el que su relación nunca ha sido la mejor. Ellos tenían la facultad de poder hacerse mierda mutuamente y a pesar de eso seguir juntos. Tenían problemas desde los tiempos en que estudiábamos en la escuela y creo que hubo muchas cosas que nunca pudieron superar. Sufrían de males comunes que condimentaban su relación para una perfecta receta de heridas mutuas. Ángela y Noel eran demasiado activos en la cama, el problema es que esa actividad no siempre era dentro de la pareja. Creo que la primera vez fue Ángela, un antiguo novio se presentó en el momento menos oportuno. Justo después de haber discutido con Noel acerca de su relación, que si no formalizaban, que si él tomaba mucho, que si ella también, no recuerdo como empezó todo, pero una cosa llevó a la otra y lo que pudo ser una simple pelea de pareja terminó con Ángela en la cama de Luís, su ex novio.
Noel se reconcilió con ella dos días después sólo para que la verdad saliera un par de meses más tarde en una noche de copas en la que por desgracia Laura y yo estuvimos presentes. Estábamos en casa de Ángela con un par de botellas jugando a las cartas, póker y apuestas. Todos nos divertíamos, hasta que salió la ocurrencia hacer el juego interesante, en lugar de apostar dinero o prendas, jugamos a contestar preguntas, quien perdiera tendría que contestar la pregunta que le formulara el ganador. Jugamos cerca de veinte minutos, ciertamente entre los cuatro nos conocimos más, hasta llegar al desafortunado momento en que Noel pensó que sería gracioso preguntarle a Ángela si alguna vez le había sido infiel. El silencio sólo duró un par de segundos, un par de segundos en los cuales los cuatro callamos la verdad que todos sabíamos, pero ninguno se atrevía a decir. Desde entonces su relación fue de mal en peor.
El amor entre ellos fue tan grande como para no terminar su relación y, rara cosa, parecía haberse hecho más fuerte. Eso hasta que Noel le pagó con la misma moneda. Ojo por ojo. Todo se convirtió en una bola de nieve, si él se acostó con una puta sólo por venganza, ella respondía tirándose a un tipo que conoció una noche en un bar, por lo que él entonces se metía con Jazmín, la mejor amiga de Ángela y Laura. Una infidelidad tras otra, una pelea tras otra, pero nunca pudieron dejarse. Por eso estaban con nosotros en ese coche, por un lado necesitaban olvidar, por el otro el alejarse de la ciudad que había visto tantas de sus peleas sería un paso adelante. Tenían que restablecer una intimidad, dijo su terapeuta y nosotros sólo teníamos que ayudarlos a pasar un poco de tiempo de calidad, de reforzar el amor que se tenían y lograr que su coodepencia se convirtiera nuevamente en una relación de pareja.
Por último, dormido junto a ellos debajo de un cobertor de bebé se encontraba Alberto, mi mejor amigo. A él siempre le emocionó la aventura. Estuvo tan ocupado en su vida buscándola que nunca tuvo oportunidad de crearse una vida de verdad. Tuvo muchas oportunidades, muchas mujeres con las que cualquiera soñaría con acostarse, tenía fama y fortuna. Siempre supimos que él era un artista. Se dedicó a la música, estudió cerca de una década para lograr el renombre que tenía actualmente, pero lo cierto es que su vida personal, sus amigos y personas que valoraba en su vida se reducían a una persona: yo. Sus padres se habían divorciado cuando él era joven y pelearon por no tener que cuidarlo. Por lo que tan pronto tuvo la mayoría de edad, dejó su casa y se fue en busca de sus sueños. Fue cuando yo lo conocí. Era una persona alegre, siempre rodeado de personas, siendo el alma de las fiestas, el galán que todas querían tener. Y a pesar de eso era el hombre más solitario del mundo. Tal vez por eso nos hicimos amigos a pesar de ser de mundos tan diferentes, por que ambos conocíamos la soledad. Es cierto que su música es la mejor, toda una promesa de nuestros tiempos. Pero también es cierto que necesitaba aprender a confiar, por eso lo invité al viaje con nosotros. Pensé que la convivencia con el grupo le haría bien, aprender a romper sus barreras y saber que hay otros seres humanos en que podía confiar. Quien sabe, tal vez en San Luisito podría conocer la vida simple de las ciudades pequeñas, la cordialidad de su gente podría abrir un poco su corazón y tal vez enamorarse realmente por una vez en su vida.
Pero lo cierto es que la razón principal del viaje había sido yo. Por eso todos aceptaron venir sin objeción. Había sufrido una crisis un mes atrás. Siempre fui una persona ordenada en la vida. Metódico y sistemático eran mis apellidos. Durante todo mi aprendizaje siempre fui el estudiante modelo, mis padres siempre estuvieron orgullosos de mí y me apoyaron cuando decidí estudiar psicología. Terminé la licenciatura sin problemas y la maestría tampoco fue un gran trabajo. Era adicto al conocimiento, a la intelectualidad. Siempre trabajando con mi mente, sudokus, juegos de palabras, literatura, juegos lógicos y matemáticos, adivinanzas y acertijos, ensayos, cubos rubyk, cualquier cosa en la que tuviera que trabajar mi cerebro la realizaba y con éxito. Pero lo cierto es que un día me di cuenta de que había llegado al límite. Me di cuenta de que mi vida no tenía sentido, tanto tiempo almacenando conocimientos, aprendiendo teorías, leyes, reglas… Tenía mi fama como psicólogo y en mi consultorio siempre tenía trabajo. Me casé con Laura, por que la amaba, por que con ella era feliz y podía construir una vida. Tenía buenos amigos y mi familia no podía estar más orgullosa. Entonces descubrí que me sentía vacío. Había logrado todo lo que me había propuesto en la vida, pero nada tenía sentido si un día iba a morir igual que todos. No soporté esa idea.
Eso pasó un día en mi consultorio, Marco había sido un paciente con quien había tenido terapia cerca de seis meses. Era un chico en verdad sorprendente. Tenía una creatividad sin límites, se dedicaba a la pintura y su arte había viajado por todo el mundo. Conocía París como la palma de su mano. Había estado en los cinco continentes y tenía un par de millones, a pesar de sólo tener 25 años. Nunca entendí por que me eligió a mí pudiendo pagar a un terapeuta de renombre internacional. Cuando acudió a mi consultorio fue por que creía que yo podía ayudarlo con sus problemas de depresión. Había tenido varios episodios y acudía con los mejores psiquiatras, para su medicación. Pero además de eso quiso una terapia psicoanalítica, quería que yo le ayudara a entender de donde había salido su tendencia a la depresión. Se resistía a creer que todo fuera algo orgánico. La terapia había tenido sus resultados positivos. Yo noté una mejoría notable en él y sus episodios depresivos eran cada vez más escasos. Yo llevaba tiempo pensado en darlo de alta. Luego sucedió. Lo encontraron en un cuarto de hotel. Se había cortado las venas y había pasado sus últimas horas destrozando sus últimos cuadros, redibujando en ellos con su sangre, rompiendo marcos, desgarrando papel. No había dejado una nota, ninguna explicación de por que había tomado esa decisión.
La prensa dedicó muy poco a tiempo a Marco. Una primera plana, un par de reportajes en la televisión, un mini documental de una hora acerca de la vida del artista y su trágica muerte y luego, lo olvidaron, pasó a ser parte de la cultura pop. Su arte había viajado por todo el mundo, era un artista que había logrado a una edad tan joven lo que otros intentan toda una vida. Su obra era única y ha sido admirado por grandes pintores y críticos. Pero al final de todo lo olvidaron, como otro producto desechable. No logré superar que su existencia terminara de esa manera. No sólo había sido mi paciente, había sido una inspiración, un ejemplo a seguir, quería ser como él. Lograr en la literatura lo que él hizo con sus pinturas. Pero, qué sentido tenía que yo escribiera lo nueva novela del siglo XXI y muriera famoso si al final, iba a terminar pudriéndome como él. Abandonado en una tumba. Todo lo que fuiste se termina en un segundo y nunca más vuelves a existir, esa es la vida.

Hotel Amanecer (2 de 5)

 


El hotel se mostraba justo frente a nosotros cuando los desperté. Amanecer, se llamaba, nos había dicho que era el mejor lugar para llegar, era suficientemente económico y tenía las comodidades que podríamos necesitar, una cama agradable, agua caliente e incluso un comedor para no tener que salir del hotel. Lo que no decía el folleto era que su estilo era más bien decadente. La fachada se mostraba desgastada, la pintura parecía haber sido nueva hace uno o dos siglos, las ventanas estaban negras, al principio pensé que por las cortinas, pero después pude comprobar personalmente que era la mugre que había traído los años (eso y mucho descuido por parte de los dueños). La puerta principal era pequeña, de madera y con detalles de figuras que resultaban más bien inquietantes, en la parte superior se mostraban un par de animales, un carnero, un caballo y un cerdo, en el resto venían extraños trazados, tal vez eran símbolos cristianos antiguos, la verdad es que no estoy muy familiarizado, de cualquier manera bajamos todos cargando cada quien su equipaje. Entramos al hotel, Ángela, Noel y Laura seguían medio dormidos, por delante íbamos Alberto y yo, pasamos por un pequeño pasillo para llegar a recepción, en el cual se podían ver cuadros de santos, cada uno en el momento de su ejecución, me parecía bastante desagradable ese recibimiento, ver como a cada uno de esos hombres los habían colgado, quemado, torturado, sacrificado, todo por tener una fe que no iba de acuerdo a su tiempo. Creo que sólo Alberto y yo notamos los cuadros, pues los demás ni se inmutaron, creo que por eso él y yo cruzamos una pequeña mirada, algo así como un “¿y esto es lo que nos espera?”.
En recepción las preguntas fueron pocas, ya nos esperaban y sólo había que llenar el formulario. Alberto no quiso dejarme solo mientras los demás subían a sus respectivos cuartos. Desde esa fatídica tarde en que mi intento de suicidio falló él no dejó de preocuparse por mí. Después de haber llenado al formato, la señora que nos atendía me pregunto que si ya nos habían informado del peligro de la niebla. La señora Rosa era esa clase de ancianas con las que no quieres estar mucho tiempo. Tenía los dedos quemados, esa clase de defecto físico que produce el fumar demasiados cigarros caseros, que poco a poco va quemando la piel hasta crear un horrible callo con un desagradable color café oscuro. Además era bajita y parecía que no llegaba a pesar si quiera cuarenta kilos, su brazo era tan delgado que temí romperlo al saludarla. Sus ojos eran comunes, con un tono café desganado, pero estaban apagados, como si hubieran vivido una larga vida de decepciones, de ver tanta gente que viene y se va, de tener un marido alcohólico o haber quedado viuda desde muy joven, esa clase de sin sabor que da la vida. Nos pidió que tuviéramos cuidado si salíamos a pasear por la ciudad, sobretodo en la noche, pues hace tiempo se habían perdido unos turistas por un par de horas. Ellos no conocían la neblina, sobretodo del tipo de San Luisito que cuando comienzas a darte cuenta de que está llegando ya es demasiado tarde y en sólo 5 ó 10 minutos ya no puedes ver más allá que uno o dos metros adelante. Cuando ellos decidieron pasear la señora Rosa les pidió que tuvieran cuidado y por no seguir su indicación se habían extraviado hasta pasada la medianoche, cuando regresaron al hotel sedientos y hambrientos. Le dimos las gracias a la señora y procuramos tomar en cuenta su advertencia.
Tuvimos que subir los dos pisos a pie para llegar a nuestras habitaciones, en esos hoteles antiguos como dije antes, las comodidades son limitadas y un elevador es algo inconcebible, no por que no existieran, sino por que no funcionaban. Pudimos ver uno en el camino, de ese estilo antiguo, con puertas de rejilla, pero claro, si ni siquiera la fachada del hotel pudieron preservar, mucho menos iban a poder costear el mantenimiento de un elevador en uso. Las escaleras crujieron todo el camino a nuestro paso, Alberto iba por delante y podía ver como iba dejando sus huellas en cada escalón debido al polvo que se acumulaba a nuestros pies. Supongo que el hotel Amanecer no tenía muchas visitas o tal vez la señora Rosa no podía costear a alguien que le ayudara con el aseo. Alberto siguió rumbo a su cuarto, no sin preguntarme que si estaba bien, preguntarme que tanto me había cansado de manejar en el viaje y hacer un comentario jocoso de lo viejo del lugar. Yo lo tranquilice diciendo que me sentía mejor que nunca, tal vez el hotel no era lo que esperábamos, pero ya estábamos en San Luisito y el lugar seguramente me ayudaría a olvidar. Me sonrío y se despidió cortésmente para ir a dormir mientras entraba a su habitación. La suya era la 204, la mía la 203 y en la 202 seguramente ya dormían Noel y Ángela.
Cuando entre en la habitación pude ver a Laura sobre la cama, estaba sentada esperándome leyendo un libro, tiene la buena o mala costumbre (según se mire) de esperarme para dormir, dice que no puede conciliar el sueño sino me tiene a su lado. Le sonreí y la besé, quiso que me recostara a su lado, pero le dije que primero quería tomar una pequeña ducha. Aquí te esperaré, me dijo, y si necesitas algo, sólo llámame, ¿ésta bien, amor?, agregó. El baño tenía el agua caliente, sólo tuve que esperar unos cuantos minutos en los que la tubería decidió escupir un poco de tierra y polvo, una especie de mezcla negruzca que bien pudo haber estado ahí un par de años. Después de eso el agua era cristalina, caliente y agradable, por lo que decidí llenar la tina. Mientras estaba lista me acerqué al lavabo para rasurarme, pero el cristal estaba completamente empañado, no por el vapor, sino por esa especia de mugre que tenía el hotel Amanecer, era como si hubieran pintado el cristal, una especie de cuadro impresionista contemporáneo donde grandes plastas de pintura tiradas al azar abarrotaran el lienzo. Con un poco de papel y agua comencé a limpiar el espejo, pero no pude arrancar más que un poco de esa capa café, lo suficiente para encontrarme con una cara como la mía, pero deformada, era yo mismo, pero no como llegué a San Luisito, en realidad era más pálido, tanto como esa tarde cuando decidí tomar la pistola y terminar todo en el baño de la casa. No pude soportarlo, la imagen era demasiado intensa y golpeé fuertemente el cristal, que se hizo añicos cayendo sobre el lavabo.
Laura me preguntó si todo estaba bien, con una voz demasiado alterada. Salí del baño para mostrarle que no había pasado nada, un pequeño tropiezo, sólo eso, ella pareció calmarse y se acercó a darme un beso, creo que para tranquilizarse más ella que a mí. Le oculté la sangre que salía de mi muñeca, no quería que se preocupara. Volví a meterme al baño y la tina estaba lista. Tal vez el baño no sería tan corto como yo esperaba. El agua estaba deliciosa, tanto que cuando me recosté y dejé mi cuerpo a remojar me quedé dormido. Dentro del sueño podía ver todo como una película muda. Estábamos los cinco en la camioneta, todavía en el viaje rumbo a San Luisito, ellos se encontraban dormidos y yo venía deseando llegar para poder fumar un cigarrillo. Pensaba (dentro del sueño) que podía abrir la ventana, fumar un par de caladas y luego apagar el cigarro, para no molestarlos demasiado a ellos y calmar mis ansías. Miraba en la guantera, tratando de sacar la cajetilla, mientras accionaba el encendedor del auto, cuando volvía a mirar al frente, notaba un carro abandonado justo a unos metros delante de nosotros. No tenía tiempo de frenar y traté de girar, lo que hacía que se volcara la camioneta y ésta rodaba un par de veces. Pude ver mi cara gritando, en ese momento desperté sudando en exceso, en medio de la bañera del cuarto 203. Por suerte no grité y al salir del cuarto, Laura ya estaba dormitando. Me  recosté a su lado, tratando de conciliar el sueño, esperando que esta vez fuera uno tranquilo.
Por la mañana cuando desperté Laura no estaba en el cuarto, me levanté a buscarla en el baño y no la encontré, así que aproveché para orinar tranquilamente. De regreso en la cama acerqué el cenicero y encendí un cigarrillo, total si Laura fuera a enojarse por el olor a cigarro siempre podía culpar a mis nervios y a las propiedades anti psicóticas del tabaco. El humo flotaba lentamente por el cuarto permitiendo ver formas  y figuras extrañas, a ratos parecía unos rostros, a veces signos extraños, justo antes de apagar el cigarrillo me pareció ver mi cara que gritaba en el humo y recordé el sueño que había tenido, creo que por eso me apresuré a vestirme y bajar al desayuno.
Cuando llegué al comedor ya estaban todos ahí, el almuerzo era una especie de buffet típico de la región con chilaquiles, huevos, frijoles, sopes, gorditas y demás por el estilo. Ángela y Leonel se veían muy alegres, probablemente habían pasado una buena velada –cosa que Alberto me confirmó al oído– Laura me besó a manera de saludo y me preguntó por el olor a cigarro. Decidí no mentir y ella estaba de tan buen humor que me acompañó a sentarme y me sirvió un plato de comida. En ese momento me di cuenta que no había nadie más, no sólo huéspedes, no estaba la señora Rosa ni algún empleado del hotel. Me pregunté silenciosamente quién habría hecho el desayuno.
De cualquier manera estaba delicioso, Laura se portaba muy cariñosa conmigo, a la vez Alberto comenzó a acaparar la atención por medio de chistes y bromas, me gustaba el hecho de que era una persona que podía encajar en cualquier grupo y ya comenzaba a hacer migas con Laura, así como con Ángela y Leonel. Me encantan los desayunos como ese: sin preocupaciones, con una comida deliciosa y tan amena compañía.
Cuando terminamos de comer decidimos salir a pasear por la ciudad, pero primero iríamos a nuestros cuartos a reposar la comida. Ángela y Leonel se fueron a su cuarto, mientras Laura y yo fuimos al nuestro. Alberto decidió salir a caminar un poco por su cuenta, quedando de reunirse con nosotros media hora después.
En la habitación sucedió la discusión y aun hoy no recuerdo como fue que pasamos de estar felices a esas sensaciones tan amargas de lastimarnos el uno al otro. Tal vez fue por el cuarto apestando a cigarro o fue el reclamarle a Laura tener que hacer ese viaje por la culpa que sentía ella, debido a mi condición. Lo cierto es que apenas llevábamos un par de minutos en el cuarto cuando comenzamos a discutir. Yo le reclamaba el tener que hacer el viaje, el que fuéramos precisamente con esas personas, mi falta de interés por San Luisito, el que yo sabía que yo estaba bien, que no necesitaba todo eso. Ella por su parte me reclamaba por mi egoísmo, por no querer atender mi depresión, por que no reconocía todo lo que ella hacía por mí, por no tomarla en serio, el no querer formar una familia, el no poder darle un hijo.
Con Laura todo se reducía a no poderle dar un hijo, no es que yo fuera estéril, sino que siempre le di prioridad a mi profesión, a mis logros y a mí mismo. Yo si quería un hijo pero nunca vi el momento adecuado para tenerlo. Ella no, desde nuestro noviazgo ella ya le estaba poniendo el nombre, practicaba como cambiar pañales… era una enciclopedia ambulante con información sobre todo lo que debe saberse de bebés, de la paternidad, de la niñez, la adolescencia. Sólo le faltaba la parte práctica y entre más tiempo pasó más difícil fue conseguir un embarazo.
Ella ya era grande y su cuerpo no era tan fuerte como para tener un embarazo satisfactorio. Eso lo supimos dos abortos después. Por esa razón, siempre salía a la luz el tema, en cada discusión, en cada reclamo, ella me amaba pero a la vez, me odiaba como si yo hubiera sido el asesino de sus sueños, el asesino de nuestros hijos. Con Laura todo se reducía a no poderle dar un hijo. Con Laura siempre era lo mismo.
Estaba muy molesto por la pelea, por lo que salí con la intención de ir a la entrada del hotel a fumar a mi gusto, cuando en el pasillo pude escuchar como Leonel gritaba en su cuarto, probablemente fuera una de sus peleas habituales por la forma en que la palabra puta salía a relucir. Bajé lo más rápido que pude, no quería tener que calmar la rabia de Leonel. Además no estaba de humor para otra persona enojada además de mí mismo.
Llevaba cerca de quince minutos fumando, ya más calmado, cuando llegó Alberto de su paseo. Al parecer no hubo mucho que ver en la ciudad. Pero estaba listo a que fuéramos los cinco, tal vez así el paseo fuera más interesante. Lo cierto, es que parecía que tenía algo que contarme. Esa era una cualidad de Alberto, su transparencia, con sólo verlo podías saber lo que estaba pensando, cuando estaba enojado o feliz y sobretodo cual era la chica que le gustaba en ese momento. Pero en esa ocasión parecía más bien como quien tiene la respuesta a la pregunta y tiene que sacarla a la luz lo más pronto posible.
— Sabes, he estado pensado que San Luisito no es tan normal, tiene un aire peculiar. Es… no sé como decirlo, como si tuviera una atmósfera diferente. Al principio pensé que era el clima combinado con la arquitectura de este lugar. Que la neblina y los edificios eran los que creaban ese ambiente intranquilo. Pero sabes, ahora, mientras paseaba me di cuenta de que en realidad lo que hace que este lugar sea tan perturbador es su gente. Ahora lo entiendo, son las personas. Cuando uno camina por aquí puede ver sus rostros y es como si no los vieras. En primer lugar, casi no hay gente en las calles, la ciudad es solitaria, aún así, me quedé sentado en una fuente cercana y mientras estaba ahí, absorto en mis pensamientos pasaron por lo menos una docena de personas. Sabes que me gusta fijarme en los rostros de la gente que va pasando, sobretodo de las chicas. Pues mira, eso es lo extraño, puedo decirte que pude ver de cerca a un par de jóvenes con las que bien pude tener una aventura. Pero sabes ¿qué? No logró recordar sus rostros. Es como si sus caras se hubieran desaparecido de mi memoria. Pero no sólo ellas, también el resto de las personas que pude ver. Recuerdo haber saludado a un par, incluso creo haber preguntado direcciones para llegar a la fuente, pero no consigo recordar a ninguna de las personas con las que hablé o me topé en el camino. Es como si hubieran sido sombras. Sólo unas sombras.
La idea me pareció graciosa, la gente sombra. Como sacada de un cuento de fantasía. Alicia en el país de las sombras. Se lo comenté a Alberto, pero a él no le pareció en lo más mínimo que me burlara de sus impresiones. En verdad parecía alterado y yo no pude mostrarme más empático. Por suerte Laura llegó a reunirse con nosotros casi al momento. Se mostraba un poco molesta pero lo suficientemente tranquila como para saludar a Alberto de buena manera y preguntarse por que Ángela y Leonel todavía no habían bajado. No te preocupes, ahora voy por ellos, respondí y entré al hotel a buscarlos.
Toqué un par de veces al cuarto antes de que abriera Ángela cubriendo su cuerpo tan sólo con una toalla. Pensé que era Leonel, me dijo, entrecerrando la puerta. Siempre me sentí mal por conocerla y que fuera amiga de mi esposa. No era que tuviera un cuerpo de supermodelo pero desde lejos podía sentir su vibra sexual llamándome y se le ocurre salir con una toalla. Está bien, le dije, los esperamos abajo. Ella cerró la puerta sin más. Pinche puta.
Cuando bajaba me encontré a Leonel en la escalera. Le dije lo mismo que a Ángela, los esperamos abajo. Pero pude ver que seguía un poco enojado, por eso pregunté si estaba todo bien. Ya sabes, lo de siempre, que está chica sólo me hace encelar creyendo que así tendrá más mi atención, de verás la quiero, pero cada vez que hace cosas así, me hace perder los estribos. Pero no te apures, ahorita la contento, sabes que en quince minutos se arreglan estas cosas. Me prometió que no tardarían en bajar. Tardaron media hora más. Cosas de parejas, sexo de reconciliación y esas cosas.
Mientras esperábamos, la señora Rosa venía llegando al hotel. Se disculpo por haber tenido que dejarnos el desayuno y salir, pero tuvo asuntos que atender. Nos preguntó si teníamos planeado salir a caminar. Al contestarle que ese era precisamente lo que íbamos a hacer, nos recomendó nuevamente que tuviéramos cuidado con la neblina, por lo traicionera que era. El tiempo que tardaba uno entre que se daba cuenta de que la niebla estaba apareciendo y en que está se hiciera tan espesa que no pudiera ver a más de un metro era de apenas minutos. En caso de ser así, debíamos tomarnos de las manos y guiarnos por la brújula (que ella depositó con una sonrisa en mi mano), el hotel quedaba al sur de la ciudad y no sería tan difícil dar con él. También nos pidió que no intentáramos salir de la ciudad caminando, por que entonces sí, los problemas de neblina podrían llegar a ser mortales, sobretodo en esa época. Aún así nos recomendó que lo disfrutáramos mucho, que San Luisito era pequeño pero tenía ese sabor peculiar para atraer a turistas como nosotros. Se despidió alegando tener que ir a hacer cosas al hotel. Sólo entonces, cuando ella entró por la puerta me di cuenta de que las afirmaciones de
Alberto eran ciertas. Eran personas sombra. A pesar de haberla visto hace tan sólo un momento no podía recordar el rostro de la señora Rosa. Extraño, cierto, probablemente fue sólo la sugestión por haber tenido esa idea en mi cabeza.

Recorrido por la ciudad (3 de 5)

 


Cuando por fin salimos a pasear ya era un poco tarde. Pasaba del mediodía pero las chicas se habían prevenido trayendo una canasta de comida para no tener que regresar al hotel. Era poco probable que encontráramos un buen restaurante y era mejor pasar un rato al aire libre. Tal vez en el jardín de la ciudad y así evitar el fastidio de pasar tanto tiempo encerrados.

Recorrimos casi toda la ciudad, de arriba a abajo, pasamos por la calle principal, así como por callejones que venían en todas formas y tamaños, desde unos grandes que bien podían ser una calle (claro, con muchos escalones) y unos tan pequeños y cerrados que apenas podía pasar una persona a la vez. La ciudad estaba hecha según los cerros, por lo mismo muchas veces tomábamos un callejón que terminaba en una dirección muy diferente a la que planeamos tomar o topábamos con que no había salida y teníamos que regresar. Además de caminar por sus calles nos encontramos un par de museos, uno del héroe de la ciudad, un cantante que había sido medianamente famoso y en el cual solamente había cosas personales, tan personales que no sé como podían interesarle a alguien ajeno a la ciudad. En el otro había exposiciones de arte, nada del otro mundo. Una exposición de miniaturas, otra de arte típico regional, una de más de “alta cultura” y por último una exposición de arte abstracto y eso sí, un precio demasiado exagerado para lo que el museo ofrecía. Lo cierto era que el encanto de San Luisito se encontraba en la ciudad misma, en el misterio, en lo perturbador, como había dicho Alberto. Era pueblo chico y enigmático, de esos que tienes que recorrer sus calles, sus callejones, internarte hasta sus entrañas para entender lo que se siente estar ahí y no querer regresar jamás.
Nos sentamos a comer en un pequeño jardín que encontramos en la cima de uno de los callejones y cuando habíamos terminado quisimos volver al hotel, a bañarnos y descansar, sólo entonces nos dimos cuenta de la verdadera trampa de la ciudad. No sólo estaba desierta, no sólo parecía que la gente nos rehuía, también era un laberinto dentro de sus callejones y recovecos, por eso mientras el sol bajaba nos preguntamos como haríamos para volver al hotel.
Llevábamos caminando cerca de veinte minutos en círculos cuando recordé la brújula que me había dado la señora Rosa. La saqué de mi bolsillo y al mirarla todos pudimos ver como se encontraba dando brincos como loca. Al parecer el Norte se encontraba al frente, izquierda y derecha de nosotros. Curiosamente nunca dio vuelta completa hacia la izquierda. Siempre tuve entendido que cuando las brújulas no sirven por algún campo electro magnético dan vueltas como locas, pero puedo jurar que esta nunca dio vuelta hacia el oeste. La brújula no nos iba a sacar del aprieto y los celulares tampoco. Desde que llegamos a la ciudad supimos que no había señal. Caminamos otros diez minutos hasta que alguien se hartó y empezamos a tocar en varias casas para pedir direcciones. En todas, la respuesta siempre era la misma. Nuestros golpes en la puerta resonaban una y otra vez y nos regresaban el eco de los mismos. No había ni un alma a quien preguntar que demonios hacer. Justo cuando estaba anocheciendo la niebla comenzó a subir.
Como había dicho la señora Rosa la neblina apareció de forma tan rápida y disimulada que no pudimos tomar las previsiones necesarias. Todos nos encontrábamos separados a través del callejón, tocando a distintas casas buscando ayuda cuando por casualidad miré el suelo y pude distinguir un poco de neblina. Volví la vista alrededor y a simple vista no podía ver a ninguno de los otros. Regrese siguiendo mis pasos y comencé a llamarlos, la niebla ya estaba llegando arriba de mi cintura cuando escuché que gritaban mi nombre, corrí en esa dirección pensando que tal vez sería demasiado tarde cuando tropecé en un escalón y rodé varios metros abajo por un callejón hasta terminar golpeándome la cabeza con el suelo perdiendo la consciencia instantáneamente.
Cuando abrí los ojos el callejón estaba demasiado oscuro, sólo podía distinguir unas luces a lo lejos además del dolor en todo el cuerpo. Me encontraba desorientado y conforme mi visión iba definiéndose mi mente lo hacía también. Al instante recordé lo que había pasado, pero ¿qué pudo haber pasado? Es cierto que me desmayé por lo menos una hora, tal vez más, era difícil definirlo entre la oscuridad natural y la que se producía con la neblina. Pero ¿Dónde estaban los demás? Después de eso debieron haberme buscado, escuchado como caía y correr a encontrarme, pero ahí estaba yo, solo en ese callejón sin tener más idea que saber que había caído, por eso decidí subir siguiendo el callejón, tal vez encontrara a alguien.
Hay varias experiencias que uno nunca puede olvidar en la vida por la forma en que te hacen sentir, diferente a cualquier cosa que te haya sucedido antes, por ejemplo: cuando te revuelca una ola y pierdes todo sentido de la orientación, entrar a una de esas casas de ilusiones ópticas donde las cosas parece que suben cuando en realidad caen o tal vez, perderte en medio de la niebla en San Luisito. Estuve repasando en mi cabeza, todavía confundido. Había bajado, tomado a la derecha y luego había tropezado, no pude haber caído más allá de un callejón, debían estar cerca.
Pero aún así, lo único que contestaba mis gritos era el silencio. Por su parte, el pueblo seguía igual de abandonado y callado que antes, pero creo que el concentrarme en encontrar al resto fue lo que me permitió seguir algo tranquilo. La tarea era difícil, estaba completamente perdido, no se escuchaba ningún alma por las calles y las farolas eran pocas, algunas estaban fundidas por lo que a duras penas caminaba entre sombras y nubes de neblina. Era como atravesar el bosque en medio de la noche, cuando las ramas y hojas no te permiten ver nada hasta que llegas a un claro.
Poco a poco me fui desesperando, ni siquiera puedo decir que anduve en círculos, era imposible reconocer los lugares que ya había pisado (si es que en verdad ya los había pisado), era más una sensación de que San Luisito fuera infinito, subía y bajaba y volvía a subir, pero no sólo no llegaba a ningún lugar conocido, puedo decir que estuve cerca de una hora sin encontrar a ningún ser viviente. Me parece completamente imposible que estuve caminando cerca de veinte minutos de la forma más recta que pude, tratando de salir a las orillas de la ciudad y a partir de ahí guiarme, sin éxito. Era como si nunca hubiera salido del mismo callejón. Estaba desesperado, quería rendirme pero ¿qué hacer? No podía sólo dejar de caminar y esperar un milagro, tenía la sensación de que dormir en esas calles no era seguro. La gente sombra, me inquietaba. Sombra, ahora lo recuerdo, eso fue lo que me impulsó a correr de nuevo, cuando estaba en plena desesperación recordé los cigarrillos en mi bolsillo. Cogí uno, lo encendí y no llevaba más de tres caladas cuando pude ver una sombra entre la neblina, alguien que pasaba por el callejón cercano. Arrojé el cigarro en el acto, corriendo detrás de ella.