domingo, 16 de noviembre de 2008

Encuentros

Primer Encuentro

Me mirabas desde el otro lado del salón con tus ojos hermosos y rencorosos. Esa mirada enigmática enredándome a cada momento. Tú entablabas un juego del cual yo sabía muy bien las reglas. Guardar las apariencias. Bailabas como una musa, pasabas de mano en mano, de persona a persona, pero nunca tocabas sus bocas. Yo por mi parte en la esquina del lugar, entre las sombras, me deleitaba con tus formas delicadas. Perfectamente grababa en mi mente cada uno de tus pliegues. A todos los habías atrapado, todos aquellos que no te conocen. Yo al igual que tú, habíamos escuchado tanto el uno del otro y yo deseándote y tú pareciendo indiferente. Una sonrisa fugaz en tu rostro que desaparecía cuando me mirabas, cuando me miras a mí todo cambia. Es esa expresión en tu cara, donde bien sabes lo que estoy pensando, lo que quisiera hacer con mis manos. Pero eras un camino que no quería recorrer, aún no. Primero, teníamos que seguir, pues tus ojos lo dicen todo, cuando me atrapan, me enredan y capturan a los míos, los embelesan y todo, todo sin que nadie más que tú y yo nos enteremos. El ritual entre tú y yo.
Bailas, te pregunté y tú sólo me tomaste entre tus brazos, entre los ritmos sensuales y exóticos de las noches sin estrellas, donde tus formas y mis formas destruían antiguos fantasmas, de las ganas de visitar recónditos lugares tan olvidados. Detrás de tu cuello, en tu pecho, desgarrar tu espalda, todo apenas tomándote de las manos, con un vaivén tan suave como la música lo permitía. Perfectamente podía sentir tu piel llamándome por mi nombre, cómo si me recordara desde hace tanto tiempo y a su vez, sabiendo que mi cuerpo era perfectamente ajeno a ti. Y tú, seguías actuando, mostrándote como eres con los demás, cuando las miradas de la gente intentan atraparte. Pero lo supe desde un principio: teníamos que estar juntos como la arena y el mar. Como tu boca que me llamaba, esos labios dulces, rosados, tan cercanos… con ese sabor a cerveza, a tabaco y a la ciudad. Ese sabor que tanto me lástima.
Mis manos removiendo tus ataduras terrenales: un pantalón gentilmente deshilachado, una blusa que indecentemente escondía a un brassier estorboso, sólo tu pequeña ropa interior alejándome del paraíso. Mientras tu boca me recordaba que seguíamos en la realidad y me pedía fuego. Acercas tu rostro al mío cuando yo saco el encendedor y delicadamente tomas mis manos entre las tuyas, mientras la flama se acerca a tu cigarrillo mi corazón se acerca a ti, siento perfectamente como mi pulso se conecta al tuyo con ese simple roce de manos. Y yo sé que seremos uno antes de que la noche termine. Estoy seguro, que sin ti no puedo morir. No sin visitarte.


Segundo Encuentro

Tu cabello se enreda en mi cara mientras intento descubrir los recuerdos que guardas en tu cuerpo. Hace sólo unos momentos te veía y no te veía en la oscuridad, recordaba tus pechos pequeños, tus caderas adornadas con las cicatrices de tu alma que también se habían hecho presentes en tu piel. Has sufrido, amor mío y yo, quiero sentir un poco de ello. Te pido que me muerdas y me desgarres, que tus dientes y tus uñas sean los instrumentos de nuestro amor. Mientras clavas tus dedos en mi espalda puedo sentirte, flotando, volando a nuestro ritmo y la habitación llenándose de luz. Puedo ver como tu rostro cambia lentamente, se vuelve tan hermoso como si toda la vida hubiera esperado algo así, como si sólo me necesitaras a mí. Yo te necesito, a cada momento que estoy junto a ti y puedo saber que nunca me alejaré. Comienzo a ahogarme y te acercas y es tu aire el que respiro, eres tú quien me salva del precipicio, lentamente me alejas de la soledad, tomas la agresividad que hay en mí y la conviertes en algo hermoso. Es como si con cada movimiento tu cuerpo hubiera entendido lo que el mío necesitaba. Tenía sed, amor mío y es tu sudor aquel brebaje que me devuelve a la vida. Y tú lloras, tus lágrimas, un tesoro, tiernamente me dices que no te deje, que me quieres para siempre. Yo te digo que te quiero, te abrazo tan fuerte y duele. Sabes bien lo que es querer tanto que te duela. Y nos lastimamos, nos abrimos las heridas y las lamemos, nos curamos con saliva y con amor y nos lastimamos más y más. A cada momento puedo sentirlo, estamos a punto de explotar. Tú gritas, yo siento como mi pecho se desgarra, tus labios están llenos de la sangre que brota de mis heridas. Cúrame, te digo, Lastímame, quiero que duela, quiero que mi cuerpo refleje la pasión que siento por ti y tú lo tomas, metes tu mano y lo tomas y lo muerdes. Mi flujo vital escurre por las comisuras de tu boca mientras terminas de devorar mi corazón…


Tercer Encuentro

Por la mañana despertamos abrazados, nuestros cuerpos agazapados. Cuando yo abro los ojos, los tuyos me miran apaciblemente. Cómo estás, te pregunto y tú sólo sonríes. Quiero repetirlo, me dices, Pero por cuánto tiempo, te contesto, Para siempre… Te quiero para siempre. Y mientras me tomas por los cabellos sé que nos amaremos mientras dure esta noche. Este sueño hermoso del cual ya no quiero despertar.

1 comentario:

María Hernández dijo...

....

q inspiracion...

q detalle... q ...
q lindo es el amor vdd...

shales...
q d donde viene mi inspiracion....

pues de luns a viernes vive como a 130 kms de aki....
y los fines como a 90kms...

jajajaj
cuidate!!
paz!