lunes, 11 de mayo de 2009

EM: Confianza




-Maestro, ¿Por qué la gente tiene miedo? ¿Es qué ya no hay en quien podamos confiar?


Es una situación fácil de entender, pero muy difícil de resolver. Todo el mundo tenemos miedo. Culturalmente hemos sido expuestos desde pequeños a tener miedo. A la oscuridad, a lo que no entendemos, a las personas extrañas, a la soledad, a la muerte, al dolor. Todo el mundo tenemos miedo, de sentir cosas que pueden hacernos sentir afectados. Que pueden hacernos sentir diferentes. Eso explica el por que nos comportamos como ahora.


Usualmente nos comportamos de formas que no queremos, escondemos lo que pensamos y actuamos de maneras que sean socialmente aceptables, pero no siempre lo hacemos por convicción personal. Evitamos que los demás se enojen, nos comportamos de acuerdo a lo que nos piden. No podemos dibujar fuera de las líneas, ni salir a mojarnos en la lluvia. Desde pequeños nos han pedido que “no metamos las narices más que en nuestros propios asuntos”. Por eso no debemos tocar a los demás.


Aun así, hay personas que se salen de ese estándar. Algunas por vocación, como los paramédicos, enfermeras, doctores, psicólogos, consejeros, sacerdotes. Algunos más por no dejarse influenciar por la sociedad. Esas personas son las que lloran cuando todo el mundo puede verlos. Son las que sonríen a los desconocidos. Son las personas que te dicen que les agradas, cuando sólo tienes cinco minutos de conocerlos. Esas personas, tienen el poder para confiar en las personas, sin tener miedo de ser lastimados.

¿Qué nos pasa si rompemos el protocolo? Si de la nada decidiéramos sonreír a cada persona. Tomáramos el riesgo de saludar a ese desconocido. Lo cierto es que pueden pasar muchas cosas malas. Pueden matarte, golpearte, lastimarte, insultarte, hay demasiadas posibilidades para pensar. Cosas a las que les tenemos miedo. Pero todos vamos a morir. Nuestros conocidos, peor aún, las personas a las que más amamos, son las que más nos lastiman. Los padres golpean a sus hijos para educarlos. Los insultos sólo significan algo cuando son de parte de una persona que nos importa.


¿Para qué temer entonces? Si cada persona tomara la decisión de ser libre de sus prejuicios. De saludar al cholo, al vecino, a aquella chica que nos tiene locos pero no nos atrevemos a decírselo. Si aprovecháramos la oportunidad para decirle a un “desconocido” algo tan personal como que un poema nos encanta, en lugar de hablar del clima. Las posibilidades son infinitas si aprendiéramos a confiar en los demás. Pero no queremos hacerlo.


Si todos tuviéramos un momento así al día. Donde quisiéramos ayudar a la señora con sus dos niños y las bolsas del mandado. Si la señora pensará que no queremos robarla, sólo ayudarla a cargar sus cosas. Si pudiéramos pedir un aventón a nuestro lugar de trabajo y un samaritano agradable quisiera llevarnos. Si nos tocó ser una chica linda y un perfecto desconocido nos detiene para decirnos: “sólo quería decirle que me parece usted muy hermosa” y en lugar de llamar a un policía sonriéramos y dijéramos “gracias”. Si todo el mundo pudiera aprovechar de esta clase de iluminación, entonces, tendríamos que buscar otra cosa a que temerle y ver que las personas que nos rodean son tan humanos como nosotros. Con los mismos anhelos y necesidades.


Después de eso, el maestro tomó un tiempo para levantarse de la banqueta, acercarse al mendigo que estaba a sólo unos cuantos pasos y sacar de sus raídos bolsillos un par de monedas para depositarlas en su mano. Luego se sentó en el mismo lugar de la banqueta, para continuar su lección.


Imagen tomada de: http://www.mazoo.co.uk/mountain-modern-abstract-painting-canvas-p-392.html

2 comentarios:

Wikernes dijo...

Cuando era chica yo solía ser una 'persona buena', pero al paso del tiempo me hicieron ver que ser una persona 'buena' era sinónimo de ser una persona estúpida: aquella de quien cualquiera puede burlarse, aprovecharse y escupir sobre ella, y que además no será defendida por nadie, ni por ella misma, así que ¿por qué acortarse? Si para eso sirve la gente 'buena'.

Sí, así me trataron a mí. Por eso me volví mala. Culera, que es como usualmente me llaman.

Hace ya tiempo que no creo en las buenas intenciones, no se han dado conmigo, de modo que ¿por qué debería creer que existen?

Esto es cosa de cada quien, en realidad es solo una opinión muy personal y lo sabes. En fin... saludos x

Eco dijo...

VVikernes: Como dice el maestro, es cuestión de cada persona. Todos son libres de desconfiar o confiar según como ellos quieran. No se trata de convencer a nadie. Simplemente son sus palabras.

Yo te entiendo perfectamente, es cuestión de cada persona, si quiere ser "bueno" o "malo". Yo prefiero no encasillarme, prefiero hacer las cosas como las siento.