sábado, 30 de mayo de 2009

Muscipular


Creo que bien lo sabes, mi estilo de vida. Que he andado por aquí y por allá y más que ser un pingüino, soy más como un colibrí. Por eso de la fidelidad y de andar picando por acá y allá. Total lo cierto es que después de un rato, aprendes como hacer para no amarrarte. Los sentimientos estorban cuando te hacen sentir mal. Remordimiento, culpa, inseguridad. Son molestos, pero en sí todos estos se resumen, por lo menos en cuanto aplica a un hombre y una mujer en: Celos.


Nunca me han gustado los celos, me gusta jugar a que los tengo o que jueguen a que los tienen por mí, el juego como tal me divierte “anda, mira que hasta tú te diste cuenta como te miraba Raúl”, “¿A poco crees que el que Laura casi me pusiera el trasero enfrente fue adrede?” Y así va la cosa. Pero cuando es enserio, entonces sí es molesto.


Han sido muchas, muchas las mujeres que siempre me están dando lata. Que si tu amiguita te busca, que por qué se llevan tan bien, que si hay una ropa interior de mujer en tu cajón (y no es mía) y lo peor que pueden exigirte es la verdad. Por un lado, no me gusta mentir pero por el otro, no me gusta quedarme sin culitos que coger.


Y así es la cosa, por alguna razón las mujeres no pueden evitar los celos. Quieren sentir que al cerrar las piernas alrededor de un tipo es como si lo tuvieran para siempre. Es curioso como son incapaces de limitar a los genitales a su función real, coger. Ah no, todo lo complican, no es sólo tener sexo, también es salir a comer, al cine, dedicarme mínimo tres días a la semana y decirme que me quieres. Eso, créanme, aun cuando no se tiene una relación formal. ¿Qué sentido tiene decir que es una relación abierta cuando quieren controlarte?


Pero de nuevo, así es la cosa. Todas las mujeres son celosas (bueno, casi todas las mujeres son celosas) y quieren tenerte para ellas. Mientras nosotros sólo queremos variedad, tener un culito diferente cada noche, tal vez dos en el mismo día, ellas no. Ellas quieren esclavos. Lentamente te van tomando la medida, te van amarrando. De nuevo, sus genitales no sirven para coger, sirven para atrapar. Es curioso como las plantas carnívoras son tan parecidas a las vaginas, como se abren, seducen a un pobrecito insecto que al entrar en ellas, se cierran y no lo dejan salir.


Por eso siempre evité los celos en las relaciones. Desde un “si te pones celosa, olvídalo, no puedo seguir contigo” hasta aprender las formas de hacer que no te quieran de esclavo, que entiendan que el sexo contigo es genial pero eres incapaz de satisfacer esos requerimientos esenciales en ellas. No, el orgasmo no, me refiero a cumplir con sus papás, recogerla de su trabajo, dormir con ella y realmente hacerlo. Cualquiera puede follarse a una mujer, pero quedarte toda la noche en cama con ella, eso sí es un reto.


Yo aprendí las mañas: como hacer que pensaran que tenía problemas de socialización, que sólo servía para follar, que lo hacía muy bien como para preocuparse por los demás, que no deberían querer cambiarme y sobretodo, que nunca, pero nunca de los nuncas nuestra relación podría pasar más allá de sexo ocasional, noches de películas y tal vez una cita formal, cada tres o cuatro meses.


Pero luego la conocí a ella. Me tiró toda mi estructura y soy un estúpido por ello. Pero no puedo evitarlo. Sólo puedo pensar en que quiero estar con ella, comer con ella, dormir con ella. La necesito. Sé cuanto valgo, sé que soy maravilloso y un chingo de gente quisiera ser como yo. Con todo eso, la necesito. A ella, sólo a ella y ni siquiera es capricho. Todo iba bien, yo le gustaba, ella me gustaba. El único problema. Los celos. De su padre, de su tiempo, de su trabajo, de sus amigos. Todos, todos los que puedan quitarme el tiempo que ella dedica para mí, deberían ser castigados. Entonces en verdad me siento mal, tengo miedo de quien soy yo. No por lastimar a alguien, sino por lo que ella me hace sentir. Por eso quiero controlarme, mandarla lejos y decirle que no vuelva.


Tomo mi resolución, la próxima vez que la vea, le diré que no hay más y que estoy perfectamente sin ella. Sé que ella llorará, pero cuando quiero lastimar, puedo hacerlo sin sentir siquiera un poco de vértigo. Ella llorará aún más fuerte, me dirá que por qué lo hago, pero no le daré razones. Simplemente todo termino baby y no te apures, llegará otra a suplir tu lugar. Pobrecita, pobrecita pendejita. Lo tengo todo preparado, todo el discurso, las expresiones que haré, el tono de voz para hacerlo creíble. Entonces me quedo frente a ella, sólo un par de segundos para que ella me sonría. Todo se fue a la basura. Quiero que seas mía. Mía y sólo mía.

1 comentario:

Wikernes dijo...

En un momento me has hecho recordar tantas cosas... a puro desgraciado ¬¬

Snif..