lunes, 11 de febrero de 2008

A la bukowski

Y ahora ando a la Bukowski, a la Irbangüengoitia. Pero no por el look, no, sino viviendo en pobreza, con dos amores soledad y gastritis. Viviendo la decadencia. Sólo cuando llegas a estar así comprendes la belleza de la cosa. Cuando vas y miras y ves tu cuarto vacío y dices esto está muy vacío y piensas que deberías llenarlo y luego piensas pero llenarlo de que y en eso te da el dolor en la boca del estomago y dices creo que debería comer algo y piensas que sería una buena idea y luego recuerdas que el dinero no alcanza y piensas ya me jodí. Eso es bonito, de una u otra manera. En estos tiempos todo es bonito por que todo es subjetivo y la belleza ahora es subjetiva. Si yo te digo que a mí un montón de mierda o una puta con herpes y llena de granos me parecen hermosos a ti no te queda más que aceptar lo que yo diga y que si lo pinto o lo escribo o lo esculpo y te digo esto es arte, no te queda de otra. Así a mí no me queda de otra, comer o fumar. Por suerte no soy alcohólico por que entonces sería fumar o beber. Soy fumador compulsivo, además de pornógrafo, pero la pornografía sale gratis. Todo es cuestión de salir a la calle, mirar a unas cuantas tetitas y culitos sabrosos, llegar a un lugar cómodo por ejemplo, una cama que nunca se tiende y sentarte a disfrutar, recreando con tu mente las imágenes, forzándola a llenar los espacios vacíos y ahí cuando tienes toda la película mental tienes tu pornografía directa para disfrutar, a la palma de tu mano (literal y no literalmente).

También me gustan las mujeres, no sólo imaginarlas, pero eso es un evento que no se da a menudo. Cuando lo ven a uno medio se espantan medio se repugnan y si cupiera otro medio, pues medio tratarían de ignorarte. No sé, como que la decadencia y la intelectualidad ya no están más de moda, si es que alguna vez lo estuvieron. Ellas prefieren a los niños bonitos, con carro, casa y cuenta en el banco. Si llega uno y les habla del apeiron, del ser y el no-ser, de que la literatura actual va en decadencia por puros best-sellers o de la novela que siempre estamos escribiendo pero nunca nos llevara a la fama (por que la fama es mala y pasajera), ellas te ignoran y voltean a ver al tipo musculoso, alto, generalmente blanco, cabello dorado, sonrisa de perlas blancas y tantas cosas que a más de una la llevarían a su cama que nunca se tiende, si fueran pornógrafas. Y así está la situación, pasando días de hambre y muchos cigarros, paseándome por plazas públicas y centros comerciales (que son casi iguales, sólo que acá venden más cosas). De repente, hay días que alguna se acerca, yo por eso adoro a las niñas hippies, aún a las falsas, por que por más que vivan en el pasado (que curiosamente nunca vivieron) o tengan la cabeza hueca pensando que ser hippie es drogarse, no bañarse y vivir de la caridad pública, te aceptan o por lo menos te escuchan. El otro día en la zona peatonal en el centro de la ciudad me encontré a una. Su cara era la de un ángel, una niña pequeña atrapada en un exquisitamente delicioso cuerpo infantilmente estilizado de unos dieciocho o veinte años, ahí estaba sentada junto a un perro enorme, una multitud de personas a su alrededor mirándola como si ella misma fuera un freak show. Su cara que les digo era de un ángel, estaba absorta, perdida en una contemplación al vacío, ni siquiera miraba a su perro, sus manos independientes de su mirada tocaban al animal, mientras ella parecía estar en el quinto cielo. Entonces yo me acerqué al lugar y la gente retrocedió. ¿Qué les pasa? ¿Nunca habían visto a un juglar, escritor, orate contemporáneo? Supongo que me juzgaron de loco, por que lentamente la multitud se dispersó. La joven-niña seguía mirando a la nada y probablemente se hubiera quedado así para siempre, pero yo me senté a su lado y encendí un cigarrillo, al parecer el tabaco sigue teniendo dotes mágicos, pues ella salió de su estupidizante-tantrico estado y me pidió uno. Se lo ofrecí y ella fumaba como si no lo hubiera hecho en años, con una intensidad típica de la juventud. Yo le empecé a contar, que tuve un sueño con una princesa idéntica a ella, donde me acompañaba un lobo parecido al perro que estaba a su lado, luchábamos contra una horda de seres humanoides que la tenían rodeada y al final, huíamos el lobo, ella y yo a mis tierras, donde vivíamos felices. ¿Había peyote? Me pregunto en medio de la narración, nunca supe si se refería a que si yo tenía peyote en ese momento o me seguía con su mirada estúpida-fascinante toda la historia, yo sólo dije que sí, que había montones de peyote, mariguana y hongos en esa tierra mágica. Me gustaría irme contigo, me dijo y quise llevarla, pero el perro no quiso moverse, por más que le silbé, le prometí croquetas, le dije que en mi cuarto, tal vez no muy grande pero si hogareño, estaría cómodo. Pero el perro no se movió. Por lo que nos quedamos ahí, mi princesa de la mirada absorta, su bestia fiel y yo el caballero andante hasta el anochecer, cuando llegaron sus amigos seudo-hippies, con los cuales ella por una fracción de segundo pareció despertar de su largo viaje peyotístico al ver a uno de ellos, pero inmediatamente recayó en el sueño y supongo que seguirá en el mismo hasta el fin de sus días, pues yo me fui a casa (con cinco cigarros menos) y ella con ellos, talvez pensando que todo el encuentro esa tarde conmigo fue un delirium tremens (pero ¿de quién? Yo soy fumador compulsivo, ella era drogadicta regular… el perro, el perro seguro era alcohólico). Yo todavía estoy dudando si ella me alucinó en uno de sus viajes, si yo la encontré en medio de mis sueños fantástico-sexuales o si todo fue un largo bostezo de su perro, si logró comprobar que ese perro era un teporocho empedernido el caso estaría resuelto, en fin. Así como les cuento, me gustan mucho las niñas hippies, no te juzgan y no es tan difícil convencerlas de que su labor en la vida es compartir el amor con uno. En general hacen muy bien el amor. Sólo cuida que no tengan un perro. O ten un buen karma, el karma siempre ayuda en esas cosas.

Otro día, otro día seguiré escribiendo, por hoy, se me ha terminado el papel y la gastritis vuelto a aparecer. Ese dolor es casi insoportable ¿saben? No es un dolor agudo que viene y se va, o uno que vaya de poco a mucho o de mucho a poco, no, es un largo dolor punzándote en la boca del estómago que desde que empieza no cesa, hasta que tengas algo en el estómago. Desgraciadamente ese algo tiene que ser comida, el cigarro y las cervezas sólo empeoran las cosas. Así que, una de dos, o consigues suficiente dinero para comprar ambas cosas o sigues fumando y soportas los dolores de la gastritis. Es un amor cruel, pero tus padres te lo advirtieron cuando decidiste empezar a fumar. El bendito cigarro… La bendita adicción. Luego continuaré escribiendo, por ahora, tengo que salir y ver si sigue vivo el mundo.

2 comentarios:

Wikernes dijo...

Charles Bukowsky es uno de mis escritores favoritos, de hecho, hace rato que quiero publicar un poema suyo, el que más me gusta, se llama Crucifix In A Deathland.

¿Sabes? Cuando te leo me acuerdo de algo que me pasa cuando leo a Sorcerer: la publicación me deja pensando a un punto en el que no sé qué decir y sé que eso al menos a él le incomoda, y me lo ha dicho. No sé si alguna vez te haya pasado.

Eco dijo...

¿Un punto en el que no sabes que decir?

Si te refieres a quedarte sin palabras, pero quedándote con lo que escribieron, sí me ha pasado.

Si te refieres a que lees y no le agarras el pedo a lo que dice el escritor, también me ha pasado.

Sólo espero que sea el primer caso.

Este es uno de mis relatos favoritos, realmente creo que atrapé a un personaje...