domingo, 17 de febrero de 2008

Ensayo acerca del amor, hacerlo y no hacerlo (mejor hacerlo bien)

Desde hace unos cuatro años yo empecé a escribir. Concretamente empecé a escribir hace más, cuando iba en primero de primaria pero en esos ayeres lo único que ejercitaba era la imaginación, no escribía por placer puro, me gustaba imaginar y el papel lo dejaba de lado, la redacción no era mi fuerte entonces. Como decía aproximadamente hace cuatro años comencé a escribir cuentos, relatos y cosas en general. Desde un inicio mi idea fue hacer algo controversial, algo que causara furor, mi primer cuento Luís hablaba de un niño que hasta el final del cuento sabías que siempre había estaba muerto, cuando ya te había cautivado. El suspenso, el resolver todo en la última línea, algo así como las “punch lines” fue mi primera experiencia con los relatos breves. La segunda fue el erotismo.

Mi mente desde pequeño ha sido bastante erótica, si no mal recuerdo a mis ocho o nueve años tenía mis primeras fantasías de índole sexual. Fui literalmente un adicto a la pornografía en mi pubertad, gracias al Internet y mucho tiempo libre. Además de eso, siempre he usado la imaginación, siempre me ha gustado visualizar a aquellas que me rodean, saborearlas, sentirlas y tocarlas. El olor a cocoa de una, a labios de durazno de otra, una piel sabor a fresa, todos pertenecientes a mujeres que han estado tan cerca de mí en la vida diaria y tan lejos de mi en la vida nocturna. Por ello, no era extraño que todo eso terminara siendo parte de mi vida y por ende de mi escritura.

De ahí empezó el erotismo, el escribir relatos eróticos. En general las personas que me han leído les ha agradado mi estilo, sobretodo en el erotismo. Siempre trato de encontrar la forma de hacerlo vulgar o fino, tanto el sexo de manera cruda como el sublime arte del amor y las formas sutiles, ingrávidas y gentiles. De una u otra manera, mi vida ha estado llena de ello, por lo que sólo es cuestión de convertirme a mí en palabras y dejarlas llevar a las grafías.

Tiempo después de empezar a escribir y consagrarme como homo erotikos sucedió el acto. Curioso que mi mente estuviera lleno de ello, que pudiera excitar a alguien e incluso capturar parte de la esencia del sexo pero nunca lo hubiera probado. Siempre he sido de la idea de que uno debe de escribir de lo que conoce. Ahora puedo hablar del acto y precisamente eso es lo que me trae reflexionando últimamente. Cuando inicialmente lo hice, fue con una mujer que de cierta manera la quise mucho, pero que a la vez no podía realmente amar, por la lejanía física, por la lejanía emocional y tal vez también la química. Fue algo divertido, en verdad pasé una noche de lo más divertida, además de que los días que siguieron me encantaba tenerla desnuda sobre la cama, besando sus labios y lamiéndolos hasta causarle un delicioso orgasmo. Más fue como una pequeña y corta amistad. Si hubo amor duró poco y no estuvo en ninguno de nuestros encuentros.

Además de esa primera vez ha habido otras, la última de ellas fue una larga relación de casi seis meses. El sexo fue realmente químico. Había días en que dudaba que fuéramos a salir de la cama. Desde el tercer día de conocernos hablábamos de amor mientras la penetraba, hablábamos de amor mientras tenía uno y otro y otro orgasmo, hablábamos de amor y decíamos amarnos. La cosa es que creo que realmente nunca lo sentí. Puedo sonar horrible, puedo parecer cruel, puedo tantas cosas, pero nunca la amé. Me engañé a mí mismo, la engañé a ella, pero no la amé. Fue sólo sexo.

Ahora estoy en el debate, entre el seguir escribiendo acerca del erotismo. Para mí el erotismo no es sexo, es algo más, es sexo con sabor y contenido, tal vez sea sexo con amor. Tal vez incluso sea el amor sin sexo. Y aún así no lo he sentido. Ya no he tenido esa sensación del amor primero (y no me refiero al primer sexo) de sentirse inquieto, de brincar y correr como loco. De pensar en cosas tontas y sentir que todo es nuevo cuando estás con ella. Si logrará encontrar todo eso, si lograra sentir lo que se siente el hacer el amor, incluso sin hacerlo. Podría seguir escribiendo.

Hoy, me sigo preguntando si en verdad vale la pena. Después de tan pocos intentos, cada día odio más el sexo y amo más a la soledad. Ya me cansé de meterme en problemas, prefiero ser del tipo intelectual tranquilo que volver a ser llamado promiscuo. ¿Cuatro personas son demasiadas? Yo creo que sí, si no ha habido amor de por medio, creo que con una sola me bastaba. Me declaro asceta consumado, a partir de hoy me dedicaré a buscar el erotismo y dejar la pornografía de lado. A partir de hoy, no responderé a falsos amores. A falsos placeres. Sólo quiero sentir un poco de amor. Just show me the love.

2 comentarios:

☼•§ēðnå•666•☼ dijo...

Sentir un poco de amor es lo que la mayoria pedimos y cuando lo encontramos no lo sabemos aprovechar, caso mio como ejemplo.

Espero que no dejes la lucha de la búsqueda de un amor de lado, espero leer pronto esos relatos eróticos de los cuales hablas.

Un saludo n_n

Pequeña Saltamontes dijo...

Yo también he tenido una mente muy erótica desde niña.

No me definiría como una adicta a la pornografía, pero cuando me quedaba sola en la casa hojeaba y leía las revistas de mi papá.

Dice mi mamá que heredé el temperamento fuerte de él.

Aún así, me dieron mi primer beso a los 21...

Ahora tengo casi 30 y sigo esperando por aquel que logre liberar la pasión furiosa que me ha consumido durante años.

¿Amor? No lo sé... también me gustaría experimentarlo.

Si fuera combinado, mejor.