jueves, 21 de enero de 2010

No es lo mismo... que 20 años después

Por fin después de que toda la vida he estado huyendo de este momento decido tomar el riesgo. Voy a la taquilla y compró un boleto “paseo del terror”. Recuerdo perfectamente que cuando tenía 10 años quise subirme a esta atracción. Venía con mis primos, todos mayores y por lo mismo apáticos, nadie quería subirse conmigo y me mandaron a comprar el boleto solo. Subí con un niño extraño, que por cierto olía muy mal y apenas el carrito se acercó a la puerta de la casa del terror yo salí de un solo brinco, ganándome una reputación como el chico más asustadizo de la familia. Pero esta vez es diferente quiero superar mi miedo.

Me acerco al cochecito, tal vez me vea ridículo, ya no soy un niño y voy a subir solo, pero tengo que hacerlo. La indiferencia de la señora que recibe los boletos y del tipo que acciona el mecanismo que pone en marcha el carrito me hace sentir más tranquilo. Ya arriba del juego es como si estuviera otra vez en mi niñez, incluso me parece ver a mis primos detrás de la fila que espera para subirse al juego, pero es sólo mi imaginación. Cuando ya estoy bien acomodado el carrito se pone en marcha y pasa la primera puerta.

El pasillo está oscuro y yo sostengo fuertemente la barra del carro, puedo ver unas pinturas en la pared de fantasmas mal dibujados en colores fosforescentes. Estoy esperando de que de un momento a otro aparezca algo macabro del techo o de una pared, pero el carrito se limita a dar vuelta y del otro lado de la pared hay un muñeco mal hecho que cuelga de cabeza y exhibe unas manchas de pintura falsa, el mayor miedo que me causa es el que pueda golpearme en la cabeza al pasar cerca de él. Detrás de él la puerta que me deja salir al exterior del edificio. Este tramo es por donde muchos exhiben cara de terror, pero yo me muestro con una orgullosa seriedad, he pasado la primera prueba, sólo son unos segundos los que permanezco afuera antes de volver a entrar.

El camino ahora se convierte en una pendiente en la que el carrito va subiendo, ahora sí está completamente oscuro, en verdad me da miedo que no haya ni una pequeña luz, me preparo para cualquier susto fuerte, quiero cerrar los ojos pero no puedo permitírmelo, tengo que ser valiente, por lo que sostengo la barra con más fuerza preparado para lo que aparezca. Entonces veo en la parte superior de la rampa un diablo que sale de un ataúd, además de que me parece algo sin sentido (¿acaso sería un diablo viviente?) la mascara que tiene es parecida a la de ese luchador de la AAA que, créanme se ve entretenida pero para nada diabólica. Después el carro se abalanza a mayor velocidad, pasa junto a una figura de una mujer desnuda de cabello largo, se ve de lejos y se parece a los cabellos de la chica del aro, en verdad me causa un terror que no puedo evitar pero al no poder apartarle la mirada apenas y si noto al tipo que brinca de improvisto en su silla eléctrica del lado contrario del carrito. Creo que lo peor ya pasó, aunque de repente siento una telaraña falsa en medio de mi cabello que hace recorrer un escalofrío por mi espalda.

Estoy seguro que ya es el final del trayecto cuando pasó la puerta, pero entonces me doy cuenta que falta una pendiente en vertical, totalmente oscura. Espero un susto, un monstruo o un vampiro que salga de la nada. De nuevo tengo miedo de que aparezca arriba de mí y pueda golpearme directamente en la cabeza, pero el miedo no es a hacerme daño, es que en verdad me daría miedo tocarlo. El carro baja a gran velocidad y mientras espero un susto siento algo duro que me golpea la cabeza, tengo ganas de gritar y mi cuerpo da un ligero brinco, pero la puerta final ya está aquí afuera, sólo tengo que ser fuerte unos segundos más. Salí, he triunfado. Ya no podrán burlarse más de mí, ni mis primos, ni la familia, ni nadie.

Ahora sabía que podía hacerlo todo, poco a poco he ido superando mis miedos de la infancia, he disfrutado del cine y la literatura de terror, he aplastado a las arañas de las que antes corría y aprendido a andar a oscuras a pesar de sentir que algo acecha entre las sombras. Poco a poco he ido logrando lo que me he propuesto, soy un hombre nuevo. Estaba justamente pensando todo esto, disfrutando de mi victoria mientras bajaba del carrito y me dirigía a las escaleras de salida. Justo en ese momento alguien grita mi nombre.

— Alfonso —Me dice mi primo Ramiro, quien al parecer trae a sus dos hijos a la feria— Tan grandote y subiéndote a esos juegos… Te hace falta madurar primo, ja ja ja.

1 comentario:

Wikernes dijo...

Jeje, bien por ti.

Hace rato que no pasaba a saludar, espero venir más seguido. Saludos.