sábado, 18 de agosto de 2007

Outro lugar

El agua esta a punto de tocar los dedos de tu pie cuando te levantas y me pides que vayamos adentro, puedo reclamarte que es un día hermoso, que el sol y el agua están exquisitos, que me encantaría nadar contigo en ese momento, todo para que al final, ni siquiera entres en el mínimo contacto con el océano.

Entras al hotel, permanezco una fracción de segundo dentro del mar, sólo para darme cuenta que no tiene sentido seguir solo. Voy siguiendo tus pasos, la recepcionista me llama para confirmar mis datos, irónica situación tener que recordar datos inciertos, tan inciertos como lo que ha pasado.

Estás en el cuarto, te miras frente al espejo, tu maquillaje esta suavemente desaparecido, pero tus ojos me miran fijamente al momento de entrar, a pesar de que tu mirada llega a mí por el espejo sé que puedes verme. Realmente mirarme.

Tus manos sostienen las mías, mientras te recuestas sobre mí, un dulce beso, asfixiante, doloroso. Te mueves a un lado mío, cerrando tus ojos, tomas mi mano, la pones en tu pecho, tu corazón se acelera.

Mi cigarrillo está encendido, el humo sube estéticamente llevado por el viento, mientras disfruto de la panorámica que ofrece nuestro balcón. Sales del cuarto y al reunirte conmigo, tomas el cigarro, una bocanada y rápidamente lo arrojas al suelo, con un gesto singular lo pisas terminando con su vida inútil.

Sentada frente a mí, el ambiente se pone tenso, miras mis ojos, evito tu mirada, aparentando estar sumergido en mis pensamientos, por que nunca te dejo entrar a mi mundo interno. Rozas mi mano, pero todo me parece tan…

Frío, la noche es fría, nos recostamos en la cama, me abrazas, me alejo y giro hacia el otro extremo. Me abrazas por la espalda, mientras, sin que puedas notarlo, resbala una lágrima por mi mejilla y un pensamiento tranquilamente turba mi estabilidad.

A pesar de todo ser tan perfecto, lo sé, lo sabes, conoces mi pasado y yo el tuyo, a pesar de eso me permito todo esto, a pesar de aquello estás aquí y tomas de nuevo mis manos, mientras me acerco a ti, dejo que me abraces, por fin sientes la lagrima, resbalando hacia tu brazo, volteas a verme, pero sabes que no te diré nada.

1 comentario:

Pequeña Saltamontes dijo...

A veces es mejor no decir nada.

Y dejar, simplemente, que las cosas pasen.

A veces es peor no decir nada.