sábado, 18 de agosto de 2007

Una noche cualquiera

Un hombre llega a una farmacia a media noche, la cual esta en servicio las veinticuatro horas. La calle esta desierta pues es un día lluvioso y en el establecimiento solo se encuentra una joven de unos veinte años. Ella lo atiende por medio de una ventanilla –por razones de seguridad-.

– Buenas noches, disculpe ¿me podría vender unos curitas?- pregunta el hombre que fijándose bien, es algo curioso, pues parece un campesino por las ropas que lleva, y sin embargo su acento no corresponde al campo.

– Pero señor, usted esta muy mal- dice la joven al notar que al hombre le cuelgan – literalmente – las entrañas por fuera de su vientre.

– Por favor véndame los curitas, le aseguró que tengo el dinero para pagarlo y, son lo único que necesito.

– ¿Qué dice? ¿Lo único que necesita? Pero señor si usted debería estar en urgencias en el hospital-

– Por favor señorita no se haga de rogar, le juró que me los da y dejo de molestarla- la señorita, simplemente siente que tiene que cumplir con los deseos del señor, por lo que le entrega la caja de banditas al hombre.

– ¿Cuánto va a ser?- Pregunta el hombre.

– Son doce pesos – contesta la señorita, y el hombre le entrega un billete de veinte. Antes de que ella regrese de la caja a la ventanilla, él desaparece en el horizonte, con lo que ella exclama:

– Caray, olvido su cambio.

1 comentario:

Pequeña Saltamontes dijo...

Me gustó esta historia.

Podría ser un buen corto de cine.

No sé, me gustó para eso.