sábado, 18 de agosto de 2007

Reunion

¿Qué fue lo que pasó anoche? Me pregunto horas después de que mi café ya se ha enfriado, rascándome la cabeza en mi sillón, con un cigarrillo apagado en mi boca y el Sol entrando cada vez más fuerte en mi ventana. Tomé un libro, encendí mi computadora personal y puse un poco de música, aún así los recuerdos fluyen como una vieja película en un antiguo proyector cuya pantalla es mi cabeza.

Te recuerdo cuando tocaba suavemente tus delicadas piernas mientras te retorcías justo como hace veinte años, como tu cabello se enredaba en mi muñeca, mientras trataba de desabrochar tu estorboso brassier de encaje negro, y como con cada beso sentía que querías deshacerme de tal manera que…

Te mueves en la cama, girando tu cuerpo un poco, pero continuas con el abrazo, no sé si han pasado un par de minutos o varias horas, de cualquier manera la habitación está oscura y yo no puedo dormir con el remordimiento de esta noche.

Llegando a la fiesta miré todos los rostros familiares, algunos ya casi desconocidos, otros presentes, como el de Fabián quien era mi mejor amigo y se convirtió en mi socio, también estaba aquella mujer que en primer año me deslumbro con su inteligencia, ahora con su marido y contando anécdotas acerca de sus dos hijos. Me ofrecieron un trago, un cigarrillo y en ese momento te encontré, más bien me encontraste con la sonrisa pícara de quien descubre a alguien que trataba de fumar a escondidas, además de que sostenías tu encendedor en tu mano, justo como si hubieses estado esperándome.

Me tomo el café de golpe y me decido a tomar un baño, en la tina mis pensamientos siempre han sido más fluidos, me recuesto y pongo a correr el agua a una temperatura agradable, cuando esta apenas está llegando a cubrir mi pecho, yo ya me encuentro pensando en ti.

Estando en la barra te decides a contarme de tu vida profesional, como te ha ido con la vida, donde has vivido estos años, pero nada de tu vida personal, yo por mi parte te cuento de mi ex-esposa y de algunas amantes, de cómo me encuentro sólo por la vida en este momento, sin familia, sin aspiraciones más que tratar de lograr otro best seller, como hace dos años.

Te mueves demasiado sin dejarme arrancar tan fácilmente tus ligeros, pero eso es parte del juego, me recuerdas lo sé, incluso tu cuerpo me recuerda, se acomoda pasivamente debajo de mí, mientras tu finges una inocencia demasiado falsa para tu edad y a la vez tan interesante como redescubrir las selvas vírgenes que ya han sido exploradas, pero ya sólo quedan vagos recuerdos en lo profundo de la memoria.

Abres los ojos, miras de un lado a otro, me ignoras un par de segundos en los que probablemente el “¿Dónde estoy?” pasa por tu cabeza, te trato de dar la seguridad de estar en mi casa y abrazarte, pero rehuyes al contacto y todo lo que puedes repetir mientras te levantas de la cama es ¡Mi marido! Cuando te pones las bragas ¡Mi marido! Buscando tu bolsa ¡Mi marido! Viendo las llamadas perdidas a tu celular. Sólo atinas a besarme apresuradamente antes de salir por la puerta principal de mi casa, dejándome de nuevo completamente solo.

No puedo recordar que fue lo que desató todo, estábamos en la terraza del salon de fiestas, yo hice algún comentario sarcástico, reíste y creo que fue cuando nuestros ojos se encontraron, nos besamos como la primera vez y me dijiste: ¿recuerdas cuando nos gustaba ser unos guarros?

Salgo del baño, siento el hambre causada por la noche de juerga, cuando voy rumbo a la cocina con sólo mi bata suena el mensajero instantáneo con la clásica advertencia “tienes un email”, es tuyo, tienes una foto de tu lunar que tanto me gusta y sólo preguntas “¿crees que podríamos vernos de nuevo?”

1 comentario:

Pequeña Saltamontes dijo...

Pareció un vistazo a un futuro cuasi-deseado.

Como muchos que he tenido.

Como muchos de los que también me gustaría escribir.